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La retranca

Salteadores de internet

 

Jesús Vigorra Jesús Vigorra
26/01/2020

Quizá vds. no lo sepan, pero en este momento circulan cientos de miles, tal vez millones, de correos y mensajes que tratan de sacarles los cuartos por la vía de la poca vergüenza, lo que ahora se llama phishing (léase fising), una estafa en toda regla por internet. Como ahora lo primero es ponerle nombre en inglés, el término phishing es utilizado para referirse a uno de los métodos más utilizados por delincuentes cibernéticos para estafar y obtener información confidencial de forma fraudulenta como una contraseña o información detallada sobre tarjetas de crédito o datos bancarios de la posible víctima. En este enredo están cayendo como moscas personas de toda índole, formación y edad, por eso quiero llamar la atención, por si sirve de algo, y antes de que lleguen los lamentos cuando vean que les han dejando seca la cuenta corriente. El estafador, conocido como phisher, se vale de técnicas de ingeniería social, haciéndose pasar por una persona o empresa de confianza en una aparente comunicación oficial electrónica, por lo general un correo electrónico, o algún sistema de mensajería instantánea, redes sociales, SMS o incluso llamadas telefónicas. La operación consiste en que al correo o al móvil llega un comunicado con el membrete de cualquier gran marca importante y superconocida, pueden ser bancos, aseguradoras, empresas de telefonía, plataformas digitales, suministradoras de energía: Banco Santander, Maphre, Movistar, Netflix, Amazon, Endesa, Google, ya digo, cualquiera de las muy importantes y con las que vds. tengan alguna relación. Perfectamente definido queda el logo corporativo, el tipo de letra, el color oficial y la marca, a lo que sigue una cartita, siempre mal escrita y con muchos errores ortográficos y malas concordancias, en la que le dicen que para actualizar sus datos de cuenta o tarjeta, todo muy urgente -los trileros siempre meten prisa-, deben seguir las instrucciones que lo que buscan es que el receptor incauto teclee sus dígitos y contraseña de la cuenta bancaria o tarjeta. Y ya está el pescado, fish, en la red; y mientras tenga euros la cuenta no cesa el ordeño hasta dejarla a cero. Pero hay más, resulta que a veces el banco (ya ven qué eficaces medidas de seguridad tienen) suelta guita aún estando al descubierto. Esto está pasando y mucho, los jóvenes van de cabeza a la trampa y los adultos también. Créanme y corran la voz, entre todos hay que lanzar la alerta ante esta sangría. Esto no es nada nuevo, simplemente es la adaptación de salteadores de siempre a las nuevas tecnologías. Piensen que, como decía un viejo amigo, ya muerto, cada día se levanta la mitad de la población para trajinar a la otra mitad.

* Periodista

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