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Las razones de catalunya

 

Las razones de catalunya -

JOSE MANUEL Cuenca
25/01/2014

Todo esfuerzo intelectual que, a través de análisis y descripciones rigurosas, se haga en punto al desdichado pleito entablado hoy entre Catalunya y el resto del país, se mostrará a la postre escaso. No hay, a la fecha, otro asunto de interés nacional más urgido y necesitado de esclarecimiento. De no ser así, se corre el grave peligro de que, de aquí a unos meses, las reflexiones sobre el perentorio tema se sitúen en el terreno histórico del estudio de las causas que condujeron, ante la estupefacción general, al desmembramiento de España de su comunidad más importante y activa en el último tramo de su largo ---y, en conjunto, esplendente-- recorrido por los caminos de la historia de los hombres.

Entre los motivos del disentimiento entre muy amplios sectores del Principado respecto de la actitud de los actuales gobernantes hay uno especialmente ocasionado a la reflexión. Frente a la granítica postura --y, legalmente, impecable-- del partido en el poder de rechazo de cualquier diálogo acerca de una soberanía nacional, residenciada exclusivamente en el pueblo español y fijada con nitidez en el texto constitucional, esferas numerosas y destacadas de Catalunya abogan sin desmayo por alguna interpretación propicia a un presunto --y, desde luego, deseable-- camino de solución parcial de un problema que no es descartable que revista tintes dramáticos en días no lejanos. Aquí, innegablemente, la posición de dichos círculos viene a ser en el fondo concorde con la de un extendido estado de ánimo en la hodierna sociedad española.

Con razón o sin ella, ésta denuncia, cotidianamente, el quebrantamiento por vía de omisión de la Carta Magna de 1978, en su articulado y en su espíritu, del lado de la clase política -gobierno y oposición-. Si ello es así --y sería difícil apartarse enteramente de su crítica--, no se ve demasiado obstáculo para que --junto a los establecidos sin duda alguna del lado de medios influyentes al Sur y al Norte del Ebro--, de manera cuando menos oficiosa, se abriesen canales de negociación entre la Generalitat y el Gobierno central. Empresa de ancha plasmación cuando nos aproximamos acelerada y fatalísticamente al día D. del reférendum de noviembre Pero la Política -incluso la pequeña- se escribe siempre con creatividad y generosidad. Quizá la última no quepa en asunto tan intangible como la identidad nacional, pero, y con caracteres peraltados, sí la primera. Los penetrados de tal talante en su visión del hoy verdaderamente "problema catalán" se muestran con frecuencia y exceso proclives a seguir conductas miméticas, siempre arduas en su aplicación. La actitud de otro gabinete conservador como el español, el británico, cara a Escocia, compendia su disiderátum. La deriva de una y otra tierra de San Jorge es, empero, muy disímil, histórica, política y socialmente. Pese a su aparente homogeneidad, sus ingredientes sólo son susceptibles de equipararse en grado no muy considerable. De manera bien visible, por ejemplo, dos de los rasgos conformadores en muy elevada proporción del protagonismo escocés en la andadura de la Gran Bretaña de los últimos 300 años, su militarismo o, si se quiere y también más exactamente, su inclinación por las armas y acentuado carácter castrense, de un lado, y, de otro, su congenialidad y pericia en los asuntos concernientes a re económica y, de forma bien especial, su experta y competente presencia en el mundo de las finanzas, no caracterizan --al menos en idéntico gradiente-- el fecundo desenvolvimiento del Principado por las rutas de la contemporaneidad española.

Nada, en verdad, más delicado o peligroso que las apresuradas comparaciones entre pueblos y conjuntos nacionales. La taumaturgia y la deturpación devoran inmisericordes a la mayoría de sus adeptos. Pese a ello, el futuro, por descontado, está abierto. Alguna fórmula de plausible entendimiento o apertura de un camino sugestivo al par que realista podrá y deberá surgir de los comités de expertos que en Madrid y Barcelona --bien que sin monroísmo--- habrían de crearse sin dilación alguna. La Constitución es intocable, mas no de naturaleza pétrea. A nadie nacido en suelo español le resultará comprensible que, ni de su espíritu ni de su letra, gentes de impecable saber técnico y desbordadas de empatía con su identidad individual y colectiva, sean incapaces de extraer el mapa de una próxima navegación secular-

* Catedrático

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