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Tribuna abierta

Pugna para encender la mecha iraní

La reimposición de sanciones económicas contribuye a radicalizar el régimen de los ayatolás

 

Pugna para encender la mecha iraní -

Georgina Higueras Georgina Higueras
29/05/2019

Los líderes de Israel, Arabia Saudí y EEUU compiten por encender la mecha del barril de pólvora iraní. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, porque ve en el régimen de los ayatolás al gran enemigo del Estado judío. El heredero saudí, príncipe Mohamed Bin Salmán (MBS), porque, por motivos geoestratégicos y supremacistas, quiere someter a los herederos del antiguo Imperio persa. Y Donald Trump, porque sus «buenos amigos» Netanyahu y MBS se lo recomiendan y su consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, y su secretario de Estado, Mike Pompeo, ya han preparado la contienda como parte de la campaña América primero.

Por activa y pasiva, desde antes de que se firmara el acuerdo nuclear multilateral del 2015 por el que Irán se comprometía a limitar el enriquecimiento de uranio y renunciar al arma atómica a cambio del levantamiento de las sanciones económicas internacionales, Netanyahu ha intentado boicotearlo. Su estrecha relación con el yerno y mano derecha de Trump, Jared Kushner, ha viciado la política de la Casa Blanca y es la principal impulsora de una guerra de consecuencias inimaginables.

La ambición de MBS no tiene límites, como reveló el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Lo que mueve su empeño en que EEUU se involucre directamente en una guerra con Irán no es tanto el acuerdo nuclear como frenar la creciente influencia de Teherán en Oriente Próximo. Arabia Saudí considera que le corresponde llenar el vacío que deje la retirada de Washington de la zona, una vez que con el fracking ya no necesite importar petróleo, y no soporta el ascenso del prestigio iraní.

De hecho, Washington ya lucha con la coalición suní que lidera Riad contra los aliados hutís de Irán en Yemen. Los militares y los aviones que bombardean las ciudades yemenís son saudís o de Emiratos Árabes Unidos, pero las bombas las fabrica EEUU, y el Pentágono ofrece a sus aliados información de inteligencia para lanzarlas. Según la ONU, la guerra en Yemen ha desatado una de las hambrunas más brutales de las últimas décadas.

La política de Trump no obedece a ninguna regla y tan pronto dice que quiere negociar con Teherán, como que si busca una guerra «será el final oficial de Irán». Públicamente, ha basado su oposición al acuerdo nuclear, que se tardó 10 años en concretar, en que da demasiada manga ancha a Irán y no aborda el importante programa de misiles ni el apoyo que presta a las milicias en Líbano e Irak. A nadie se le escapa que parte del empecinamiento de Trump se debe a que fue un pacto firmado por Barack Obama, su antítesis.

Bolton y Pompeo coinciden con Netanyahu y MBS en la conveniencia de un ataque preventivo contra determinados objetivos iranís, limitando la guerra a una operación quirúrgica. Sin embargo, la mayoría de los think tanks norteamericanos estima que lo que Oriente Próximo necesita es contención y no otro incendio.

El envío al golfo Pérsico del portaviones Lincoln, que ya participó en las guerras contra Sadam Husein, y de bombarderos B-52, hace temer una nueva conflagración, bien porque EEUU así lo decida o bien por un accidente, un malentendido o una falta de comunicación entre dos países que rompieron sus contactos tras el asalto de la embajada de Washington en Teherán después de la Revolución islámica, en 1979.

La reimposición de sanciones económicas a Irán solo sirvió para radicalizar el régimen y debilitar aún más al presidente Hasán Rohaní, defensor del pacto nuclear para romper el aislamiento iraní y conseguir inversiones para impulsar las reformas y lograr una mayor apertura y bienestar social. Si Trump pretendía con su «máxima presión» provocar un cambio de régimen, lo único que ha conseguido es que los conservadores cierren filas junto al líder espiritual, Alí Jamenei.

La Unión Europea, garante del acuerdo, ha tratado de impedir que la salida de EEUU supusiera la vuelta de Irán al enriquecimiento de uranio, paso previo a la fabricación de bombas, pero después del desplome en más de un 60% del comercio bilateral por el miedo de las empresas europeas a ser sancionadas por EEUU, sus temores se han cumplido. Teherán anunció que suspende el compromiso de vender los excedentes de uranio enriquecido y dio 60 días a los demás firmantes --Rusia, Reino Unido, Francia, China y Alemania-- para que cumplan sus compromisos de compra de crudo y en materia bancaria. De lo contrario, se reserva el derecho de enriquecer uranio por encima del límite del 3,5% pactado. La carrera por prender el polvorín de Oriente Próximo ha comenzado.

* Periodista

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