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Cielo abierto

Los pirómanos

La semana de tensión en Cataluña tras la sentencia condenatoria a los líderes del ‘procés’

 

Los pirómanos -

Aún no ha habido muertos, y ojalá no los haya. Porque sería un horror y porque habría demasiada gente interesada en utilizarlos como mártires: si ya lo han hecho con una sentencia escrupulosa, que podrían hacer con un cadáver. Pero la sombra del incendio es alargada en el grito nocturno, en esa indefensión de ciudadanos viejos y jóvenes que bajan a la calle con la bata puesta para proteger sus coches y sus casas del fuego. Esto no es alarmismo, esto es la realidad. Y ahora sale Torra asegurando que no justifica ninguna violencia, después de haberla alentado furibundamente desde su nazismo discursivo disfrazado de antropología liliputiense. Ahora sale el mismo Torra a decir que los que están haciendo arder las calles de Barcelona no son de lo suyos, que serán infiltrados, porque el independentismo es pacífico. Lo dice el hombre que ha condenado duramente la detención de varios presuntos terroristas de los CDR que planeaban algo grandioso a base de explosivos y metralla. El mismo hombre que se niega a aceptar una sentencia del Tribunal Supremo, el que niega el Estado de Derecho y la Constitución. El mismo hombre que ha continuado el legado siniestro de Puigdemont, de Mas, de Maragall, y antes de Pujol: una Cataluña levantada contra la mitad de su población, hasta reducirla al mínimo o hasta exterminarla por hastío o por cansancio. O por melancolía, que es la más triste de las fiebres, de aquellos tiempos míticos de una Barcelona en la que el catalanismo era un culé tan abierto y sensorial, cosmopolita y disfrutón como Manuel Vázquez Montalbán. El creador de Carvalho, afortunadamente para él, se dejó en Bangkok su último latido de poeta novísimo con nervio acelerado de narrador gastrónomo, y no tuvo que padecer este apocalipsis del sentido común y la lenta serenidad de vivir. Ahora viene Torra, que es la negación de Vázquez Montalbán, de Marsé, de Gil de Biedma, de esta gente culta que nos hizo soñar con Serrat a la cabeza de la popularidad lírica musicando a los españolazos Antonio Machado y Miguel Hernández, a decirnos que ellos no pueden estar quemando contenedores en la calle al acecho, que no son ellos, que los culpables son los infiltrados.

¿Infiltrados, de dónde? ¿Del Estado español centralista opresor? Es lo que no hemos entendido. Que esta gente no descansa nunca. Que te pueden estar agarrando del cuello hasta asfixiarte de financiación, con el mayor traspaso de competencias de la historia hasta llegar a las 189, doblando su recaudación por IRPF, disparando su recaudación de IVA y recibiendo las competencias de tráfico, justicia, agricultura, sanidad, empleo, puertos, vivienda, prisiones y otras además de la educación, que es la bomba interna de este fuego, todo ello concedido por el gran patriota Aznar, y vender al mundo la versión de que están siendo estrangulados porque España les roba. Porque la identidad nacionalista, en este caso, es una mascarada mercantil que no oculta ni su gesto real ni su auténtica intención. Aznar les dio mucho, sí: también permitió la aprobación de la Ley de Normalización Lingüística, que supuso el destierro del castellano de las escuelas. Luego vino Zapatero, especialista como siempre en empeorar lo que parece haber tocado fondo: «Aprobaré todo lo que venga del Parlamento de Cataluña». Pues eso.

Pero lo que no entendieron ni Aznar ni Zapatero, los dos grandes pirómanos de estas noches de fuego, ni después Rajoy en su siesta de la tranquilidad, y lo que tampoco parecen comprender ni Pedro Sánchez, ni Iceta, ni Carmen Calvo, ni nadie, es que esta gente no descansa. Que el talibán no descansa. Que el yihadista no descansa. Que los demás nos cansamos, que hasta escribir de esto cansa. Otra vez, otra semana, con el tema de Cataluña. Como si no hubiera más mundo ni más necesidades en España. Pero los extremistas no descansan, porque no tienen vida más allá de su única razón para vivir. Por eso se inmolan. Por eso siguen ahí. Por eso usan a la gente como carnaza, que es lo que inteligentemente llevan haciendo varios años, para que sea la gente -calentada por ellos- la que vaya a la calle a romperse la crisma por repetir el mantra de una falsedad.

En esto, como en todo, habrá que armarse de paciencia y comprender que quien resiste gana. Pero la mentira se extiende con más velocidad que la verdad: leo que en Madrid, en la Puerta del Sol, hay manifestantes en apoyo de Cataluña. Y no es verdad: apoyaban a los independentistas. Porque a la otra mitad, hace mucho tiempo que la ha dejado sola.

* Escritor

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1 Comentario
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Por vecino 10:05 - 20.10.2019

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Hay vida más allá de Cataluña señor Perez. Estos días en Diario Córdoba ha venido un interesante artículo sobre el bajo nivel que tienen las pensiones en Córdoba. La pensión media de la provincia de Córdoba se ha situado en 820,84 euros, la quinta más baja de toda España, según los datos del Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social a 1 de septiembre de este año. Por debajo se sitúan Lugo, Orense, Cáceres y Huelva. Según esta fuente, esta cifra supone en 82,7% sobre la media nacional