+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Hoy

La perrita del parque

 

Temo que te suceda como a esa perrita del parque. La veo llegar cada día, cogida a su dueño por la correa. Es una perrita blanca, de pelo corto, un lunar negro en el hocico, una lengua sonrosada con la que parece hablar. Es pequeña, inquieta y muy sensible, porque mira las nubes, se ilusiona con la fuente y llama a los gorriones que pasan ante ella mientras buscan alguna migaja o algún gusano. El dueño ata a la perrita en el tocón de un árbol seco, que intenta revivir en un brote por su base. La perrita dispone de unos tres metros de correa. El dueño se sienta en un banco a leer el periódico o charlar con algún conocido. La perrita lo mira con ojos tiernos, e intenta atraer su atención con un ladrido corto, que es un lamento inocente. El dueño, sin mirarla, le ordena: «¡Calla ya!». Ella se resigna. Mira las nubes, mira las palomas. Cuando ve que puede llegar a alguna, corre feliz, creyendo que posee la libertad de volar. Pero la correa corta bruscamente ese sueño. Si unos niños juegan cerca a la pelota, ladra como si acabase de salir de la escuela y se sintiese entre ellos, y salta para alcanzarlos. Pero la correa vuelve a frenarla como si la ahorcase. Y de tanto intentar correr, saltar, volar, no se da cuenta de que la correa se va liando al tocón, hasta que la perrita se queda pegada a él, casi ahogada. Intenta zafarse agitando la cabeza, pero solo consigue ahogarse más. El dueño, que ha terminado su tarde de paseo, va y le dice: «Qué tonta eres. Siempre lo mismo». Y la libera por unos momentos para desenredarle la correa del árbol. Y la perrita, en vez de aprovechar y separarse de ese hombre, y ser libre con los niños, los pájaros, la fuente, se queda junto a su dueño, ladrándole, jugando con él, mientras él le ordena: «¡Estate quieta ya!». Y la perrita se pone sobre dos patas, levanta las orejas, le lame las manos, se agacha, mueve el rabo y espera a que el dueño le enganche la correa al cuello otra vez. Se van del parque. Siento en el corazón una extraña soledad. La tarde declina. Es una tarde de otoño, que huele a tierra mojada, a rosales mustios, a jazmines abandonados por el suelo tras las primeras lluvias. Es otra tarde más. Mañana, o cualquier día, volveré a ver la perrita en la misma correa, el mismo tocón, el mismo dueño.

* Escritor

Opinión

La deriva

José Nevado

Juan Carlos Rubio

Diario Córdoba

Guillermo Rojas

Diario Córdoba

José María Molina

Diario Córdoba

Mujeres sin voz

Joaquín Pérez Azaústre

Por dignidad

Jesús Vigorra

Putinismo asiático

Georgina Higueras

Lectores
CARTAS AL DIRECTOR / POLÍTICA

Los embaucadores

Desde que el animal humano abandono las cavernas y comenzó a formar grupos sociales, han existido ...

CARTA ILUSTRADA

Despedida a D. Antonio Navarro Sánchez

Como es natural mi emoción por la muerte de D. Antonio Navarro (p.d.e.) es honda y sincera. Hemos ...

CARTAS AL DIRECTOR / POLÍTICA

La necesaria unión del centro derecha

Después de lo que hemos visto y oído, donde, un personaje del PSOE, ha sido capaz de lograr una ...

CARTAS AL DIRECTOR / POLÍTICA

La carta del presidente

Me ilusiona este gobierno y espero que se le conceda tiempo. Espero también que lo empleen en ...

   
1 Comentario
01

Por pETERpUNK 19:16 - 25.10.2018

DENUNCIA ESTE COMENTARIO

Ayuda: Si considera que este comentario no debe aparecer en este web, por favor indíquenos el motivo y pulse el botón [Enviar aviso].

Bravo me ha encantado leer este artículo y me ha llegado al corazón. Hay que ver cuántas sensaciones transmite su lectura y qué gratas unas y qué tristes otras. Reflejo de una realidad, de un trozo de tiempo que queda aquí inmortalizado. Salud.