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PEQUEÑA HISTORIA DE FELICIDAD PERSONAL

 

ANTONIO GilANTONIO Gil 03/09/2006

He aquí una pequeña historia de felicidad personal. No es llamativa, ni espectacular, sobre todo, si se contempla con ojos humanos y desde los parámetros de la sociedad de nuestro tiempo. Pero resulta apasionante, desde la orilla del humanismo más verdadero, más cercano. Aquel hombre, --le llamaremos Jaime --, había vivido siempre de sus caprichos. Le conocí casualmente, charlamos, me contó algo de su vida y llegó a intrigarme, sobre todo, porque era como una pequeña obra de teatro, con tres actos bien definidos.El primer acto, el de su infancia: "Me acostumbré desde niño a hacer lo que quería. Tenía siempre mucho tiempo libre. No era buen estudiante; a base de pequeños trucos lograba sacar los cursos. Mis padres me regañaban, pero yo no les hacía caso. Nada de lo que me decían me interesaba. Comía y bebía lo que me parecía; viajaba y me divertía sin que nadie me controlara. Cuando tuvimos en casa Internet, me aficioné tanto que navegaba horas enteras sin decir basta. Veía lo que me gustaba, sin preocuparme sin me convenía o no. Nadie me decía nada. Mis padres me dieron por imposible. Me recluía en mi cuarto y allí me sentía totalmente libre". Segundo acto, el de su juventud: "Un día, en la universidad, conocí a Irina, una chica ucraniana. Me cayó bien. Comenzamos a salir, paseábamos y hablábamos de todo. Enseguida me di cuenta de que era una mujer excepcional, de una personalidad arrolladora, muy recia y de gran criterio. A veces me corregía, decía que era un poco frívolo, y con paciencia me enseñó a reflexionar. Al cabo de un año ya éramos novios y dos años después decidimos casarnos. Me sentía muy enamorado. Irina me atraía por sus cualidades humanas, pero también por su extraordinaria belleza". Tercer acto, el Jaime de hoy, el que conocí personalmente: "Llevamos cuatro años casados. Nos han nacido dos hijos, un niño y una niña, aunque nos gustaría que vinieran otros. En este tiempo he comprendido lo equivocado que estaba. Pensaba que sería feliz haciendo lo que me viniera en gana. Y no lo fui. Cambié y ahora me siento a gusto haciendo feliz a mi mujer y a mis hijos. Aunque quisiera, no puedo hacer ya lo que deseo. El tiempo libre lo dedico a Irina y a mis hijos. Y lo que nunca hubiera podido imaginar: me he acostumbrado a echar una mano en la cocina, a hacer los recados... ¡Qué dirían mis padres si me vieran! Con todo, lo curioso es que ahora soy feliz, me siento otro hombre". La historia está llena de pequeñas historias personales. Como la de Jaime, por ejemplo, un hombre que supo dar con la clave de su felicidad.

* Periodista

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