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La clave

La palabra tabú

 

Lo que no se nombra, no existe». Ya sea por estrategia electoral o debido a la inclinación natural al plagio de algún gobernante, la conocida frase de George Steiner es la opción elegida por el Consejo de Ministros para afrontar la incipiente crisis económica que parece volver a visitarnos. La progresiva destrucción de empleo, el aumento de la deuda pública, o un estancamiento del consumo son algunos de los muchos indicios que debieran encender las alarmas de la Moncloa, pero el ejecutivo, enredado en distinguir el jamón serrano del ibérico, prefiere soslayar la palabra tabú: crisis. Con un lenguaje más propio del hombre del tiempo, el departamento de asuntos económicos del Gobierno disfraza la realidad hablando de enfriamiento y nubarrones, que más parece estar refiriéndose a la venida del otoño que a lo que se avecina. Otros economistas gubernamentales se valen del oxímoron (figura retórica con nombre de jarabe contra la tos) para seguir la consigna sanchista, y aluden al concepto «crecimiento negativo» provocando una tranquilidad inquietante entre los ciudadanos. Los más osados gurús se atreven a hablar de desaceleración, que no deja de ser la antesala del derrape y el preludio del frenazo. La nueva directora del Fondo Monetario Internacional, Kristaline Georgieva, ha augurado -con la claridad propia de su bello nombre- nuevos tiempos de recesión, pero por aquí andamos desenterrando muertos mientras la crisis empieza a enterrar a los vivos. Hace una década, la entonces responsable de la economía patria descubrió unos brotes verdes de recuperación, mas alguien se los comió antes de germinar. En su versión actualizada, la desconocida ministra Nadia Calviño ha declarado que nada hace presagiar una crisis, prueba irrefutable de que nos hallamos irremediablemente inmersos en ella. Podría calificarse como pueril la recurrente moda de no llamar a las cosas por su nombre con la vana esperanza de negar su existencia -algo así como negar la existencia de Dios por revelación divina- , pero andémonos con cuidado porque estas travesuras las carga el diablo.

*Abogado

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