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LA RUEDA

No con mi nombre

 

Silvia Cóppulo Silvia Cóppulo
02/08/2020

¿Cómo quieren que les dé con esa alegría todos mis datos de por dónde me muevo, a quién me encuentro, dónde entro y de dónde salgo, controlada con una app de geolocalización o cualquier otro ‘gadget’ tecnológico para el mismo fin? No importa a qué gobierno se los dé. Sea el de allá o el de aquí, europeo, chino o del país de Trump. Claro que estoy segura de que, de buena fe, lo quieren utilizar para intentar frenar la extensión del coronavirus, pero no me van a convencer.

Muchos países están sobrepasados, entre los cuales incluyo en los primeros lugares del ránking al nuestro. Aciertos, sí. Y errores, muchos. Esfuerzos, también. Y aplausos para los sanitarios y para todas las personas que ponen su cuerpo cada día para intentar que no perdamos la vida todos. Desde el quiosquero hasta la dependienta del súper. Pero es que, hoy por hoy, la única cifra que no ofrece discusión es la de los muertos. Solo esa. A partir de ahí, y viendo el número de personas ingresadas, las llamadas al 061, etc., infieren de manera poco cierta el número de personas que se han infectado. Porque del desastre de los tests prefiero no hablar. 

Díganme ingenua, pero cuando vi que, hace un mes, en Corea del Sur, eran capaces de determinar, de manera masiva, si te habías infectado en cinco minutos, con una prueba consistente en un raspado nasal, sin salir del coche, como si estuvieras esperando una pizza al estilo americano, les juro que creí que nuestro país lo iba a implementar en un abrir y cerrar de ojos. Avalé el confinamiento duro en un intento de paliar la situación mientras no nos llegaba esta información (los tests). Pero ya no. Ahora lo primero que les pido es que tengan ustedes el diagnóstico claro de la situación poblacional, ya que, de otra manera, todas las medidas que se toman son puro ensayo y error, a ver si, con los ojos vendados, más o menos acertamos. El negocio del siglo XXI es el de los datos. La ley nos protege: ¡gracias! Pero no estoy dispuesta a restringir hasta ese punto mis libertades en base a una seguridad absolutamente insegura. No con mi nombre.

*Periodista y psicóloga

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