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Al paso

Los muertos no dialogan

 

Todos estamos analizando con distintos sentimientos lo que está pasando en Cataluña. Y más cuando comparamos con otros lugares del planeta donde la gente también tiene derecho a ser feliz, pero le es imposible porque los niños no tienen pan ni agua asegurada y por eso los padres no tienen ganas de ser felices. No, en España ya no hay pobreza generalizada y aquellas hambrunas pendientes de una mísera cartilla de racionamiento fueron superadas. Por eso, a todo aquel que tenga dignidad y memoria le preside y ahoga un sentimiento de tristeza. Podrá haber muchas lecturas del origen del proceso violento catalán: que si tuvo la culpa Zapatero por proponer un Estatuto insolidario, que si Rajoy por no cortar de cuajo antes, que si González por aquello de la concesión de competencias desde el principio, que si Aznar por haber concedido lo que no hay en los escritos a los independentistas para poder gobernar en su segundo mandato... Pero pocos quieren ver la causa en el sentimiento independentista que existe allí desde principios del siglo XX. Solo hay que echar un vistazo a los documentos con un poquito de interés y comprobar que la piedra catalana que España tiene en su zapato y que la está impidiendo avanzar, está tan encallada que ya forma parte de la estructura y más que arrancar esa piedra lo que hay que hacer es moldear la suela; porque arrancar la piedra puede destruir todo el zapato. Y es que si no se actúa rápido puede venir un problema mucho peor que no tendrá más solución que el Estado de Sitio. Los políticos tienen que actuar con un nivel de responsabilidad de tintes históricos. Porque en Cataluña hay un serio riesgo de algo muy parecido a la guerra. Pero no me refiero a los millones de independentistas contra las Fuerzas de Orden. Ese no es el peligro ya por mucho que sean criticadas nuestras policías en foros internacionales, sean Nacionales, Guardias Civiles, Escuadras de Mozos o Guardia Urbana e incluso ejército en un momento dado, todos estos Cuerpos se deben a la democracia, es decir, al uso proporcionado de la fuerza. El peligro es otro ejército totalmente ajeno a las fuerzas del orden y por tanto a la proporcionalidad en el uso de la fuerza: las últimas elecciones demostraron que estas otras masas formadas por los votantes no independentistas, también se cuentan por millones. Y esta masa españolista está viendo alterada su vida diaria y creo que su paciencia está al límite. Le pido a Dios que siga pasiva y que los enfrentamientos sean siempre entre independentistas y policías. Porque en otro caso los muertos catalanes de todos colores y banderas se contarán por cientos. Y la muerte sí que ya no admite diálogo alguno.

* Abogado

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