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Economía con toque

¿Malos tiempos para la libertad?

 

¿Malos tiempos para la libertad? -

Como ya se sabe hoy en día todo lo que no sea pensar de determinada forma es fascista. Este movimiento, por suerte, fue erradicado tras la Segunda Guerra Mundial de Europa, mientras que en España lo fue hace más de 40 años. El fascismo es una ideología política donde la colectividad está por encima del individuo, lo que desemboca en el totalitarismo, es decir, poder absoluto del Estado, la nación por encima de todo, sin división de poderes, sin disidencia, y con un control de la economía. Esta última tenía un carácter centralista donde existía dominio público de empresas pertenecientes a sectores estratégicos y, si bien podía haber propiedad privada de los medios de producción, todo estaba subordinado al estado como representante de los intereses de la colectividad. El comunismo, que por desgracia no ha sido erradicado aún, en la práctica es muy parecido al fascismo, aunque parezca lo contrario. Entre sus rasgos está el antiindividualismo, ya que, se basa en la conciencia de clase como colectivo, lo que desemboca en el totalitarismo, donde el único partido que ha de existir tiene el poder total, no hay división de poderes, ni disidencia, y se controla la economía. No obstante, aquí no se permite la propiedad privada, sino que todos los factores de producción están en manos de la administración. Es cierto que teóricamente se anuncia una sociedad autorregulada, pero ningún gobierno comunista ha querido renunciar a su poder y llegar a eso, se han quedado en dictadura.

Como antagonista absoluto a los anteriores aparece el liberalismo. Es una doctrina basada en la libertad e iniciativa individual, como dijo Locke todos los seres humanos tienen una serie de derechos individuales inviolables como son la vida, libertad y propiedad privada. Así, el Estado se convierte en un mero garante de estos derechos a través de la capacidad de obligar en el cumplimiento de las leyes, y estos derechos son los mismos para todos los ciudadanos. Algo similar pasa en la economía, donde la intervención del estado se plantea como mínima con la libre elección, comercio y empresa como puntos claves. Es cierto que se puede discutir sobre el nivel óptimo de esta mínima intervención del Estado y es cierto que tiene fallos que se pueden mejorar, pero ¿cuál se elegiría de forma lógica por cualquier ciudadano? Para mí está claro, siempre del lado de la libertad y el respeto a los derechos de todos los individuos. Entonces ¿por qué parece que no estamos eligiendo esa opción en la actualidad? Es más ¿por qué estamos tendiendo tanto a la segunda opción cuando ya se ha demostrado que solo es buena para los políticos gobernantes, y un verdadero desastre para los ciudadanos?

Estamos viviendo una ola de algo que no sabría calificar pero que se autodenomina progresismo, y que es una vuelta atrás, un poner límites al pensamiento plural y libertades, dirigida por gente sumamente hipócrita y mentirosa, donde los políticos nos dicen lo que tenemos que hacer mientras ellos hacen lo contrario, donde solo se respeta y se es comprensivo y solidario con quien piensa igual que uno, donde la violencia, ya sea física o mental, hacia personas o símbolos parece ser la respuesta asumida por muchos, y vamos a ser serios, todo por dinero. «Show me the money» como decía Jerry Maguire en la película del mismo nombre. El dinero que ganan los medios de comunicación que instigan estas situaciones y desinforman; el dinero que ganan los políticos que instigan estas situaciones y les dan igual los ciudadanos más allá de conseguir sus votos para continuar igual; el dinero que ganan las empresas subidas a estas nuevas olas que nos intentan vender más productos utilizando a través de campañas de marketing centradas en eliminar palabras como blanqueamiento de sus productos. ¿No es esto la mayor paradoja que hay? Se nos vende el anticonsumismo a través del consumismo. De hecho, no hay protesta que se precie sin su iPhone y su subida a Instagram. Al mismo tiempo que, en España, la cosa es aún peor en zonas donde ya tradicionalmente no se podía expresar un pensamiento divergente porque directamente te mataban. Esperemos que esto solo sea un extraño año, y no se confirmen los malos tiempos para la libertad.

* Profesora de Economía financiera de la Universidad de Córdoba

@msalazarord

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