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Entre visillos

Luisa Revuelta, una mujer ejemplar

 

Rosa Luque Rosa Luque
02/03/2017

La historia está sembrada de perfiles de mujer que han sido silenciados, o sobre los que ha caído un manto de olvido que acabó reduciéndolos a meros nombres de calles o entidades que uno menciona sin preguntarse por las personas que los llevaron puestos un día más o menos lejano. Cierto es que tal destino no es cuestión de sexos, y que tanto hombres como mujeres, por muy ilustres que llegaran a ser cuando paseaban por este mundo, una vez convertidos en rótulo callejero o título institucional –a veces tan tarde que no queda ya congénere que pueda recordarlos en carne y hueso-, pasan a formar parte, salvo raras excepciones, de la nebulosa deshilachada que envuelve la memoria colectiva. Pero los personajes femeninos sufren un doble desdén, pues junto al incierto futuro que a todos se nos escapa, por regla general fueron mujeres que soportaron en vida la incomprensión y zancadillas de gentes de su tiempo. Y en el otro, en la posteridad, quedaron diluidas en el magma de la historia, escrita por hombres.

Le daba vueltas a todo esto tras leer un magnífico libro dedicado a rescatar el recuerdo de una gran mujer de la que, desaparecida en 1983, ya apenas quedaba eso, su nombre, y porque figura al frente del muy activo centro de profesores inaugurado en la calle Doña Berenguela de Córdoba en 1996. Luisa Revuelta y Revuelta, docente, investigadora y académica, es el título de una obra contundente y de enorme peso documental que el lector se bebe en una tarde como una de esas novelas que enganchan de principio a fin. Publicado el pasado año por la Diputación y la Real Academia cordobesas, está escrito por José Cosano Moyano, historiador y actual director de esta institución, y por el también académico y especialista en Literatura Antonio Cruz Casado, además de contar con sabrosos testimonios de antiguos alumnos de «la señorita Luisa». Así se dirigían a aquella catedrática gallega de Lengua y Literatura que, tras superar una lastimosa depuración administrativa, llegó en 1940 al instituto de Las Tendillas y se mantuvo a la vanguardia de la enseñanza cordobesa hasta su jubilación. Una mujer guapa, poco simpática –los alumnos temblaban ante ella hasta que decubrían su calidez- inteligente, formadísima en lo suyo y de metodología revolucionaria para su época. Una mujer a la que se ha hecho justicia, pero quedan muchas más por ser redescubiertas.

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