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Desde la periferia

Incertidumbres y utopías

"Ya hemos aceptado, con Zygmunt Baumann, que vivimos en una sociedad líquida"

 

Incertidumbres y utopías -

Ya hemos aceptado, con Zygmunt Baumann, que vivimos en una sociedad líquida, al menos en teoría y al menos en las sociedades que denominamos occidentales. Vivir en una sociedad líquida significa, en primer lugar, que los cambios, las transformaciones se producen cada vez a mayor velocidad sin que apenas tengamos tiempo de asumir lo que a nuestro alrededor ocurre, ni lo que ocurre a nuestro alrededor próximo ni menos aún lo que ocurre a nuestro alrededor más lejano; y, en segundo lugar, y precisamente por esto que acabamos de mencionar, que no se nos presenta nada como estable, como seguro, como un valor permanente. Ya no existe la certidumbre sobre algo sino que sobrevivimos en una continua incertidumbre. Incertidumbre política, incertidumbre económica, cultural, social, educativa y así podríamos seguir con muchos otros ámbitos de nuestra existencia en la que muchos de nuestros congéneres apenas si pueden desarrollar ni su vida física, ni su vida emocional, ni su vida profesional y ya ni te cuento si de lo que se trata es de desarrollar una vida ética. Ya escribí en el artículo anterior que, de momento, se nos terminó el bono que teníamos para vivir en una sociedad de bienestar y nos han pasado a la sala de espera en espera -valga la redundancia- de un nuevo pase sin que aún tengamos claro el precio que vamos a pagar por ello, aunque alguna cosa intuimos. Incierto también como no podía ser de otra forma. Lo que sí es de obligado cumplimiento en esta sala de espera es el consumo porque de estas cadenas es prácticamente imposible liberarse. Ahora bien, consumimos lo que podemos y no lo que queremos. No somos en absoluto libres para decidir nuestro nivel de consumo.

La pregunta que nos podemos hacer casi cae por su propio peso. ¿Qué hemos hecho para llegar hasta aquí? Únicamente daré un par pistas para la reflexión de los lectores. En primer lugar, hemos llegado a creer, a convencernos de que somos superiores a cuanto nos rodea. Actuamos como si los seres humanos nos creyésemos con el poder de subyugar a la Naturaleza, al Universo. Hemos plantado encima del tapete una guerra contra la vida en la que cada vez tengo menos claro que vayamos a salir triunfantes. Seguimos, en segundo lugar, enfrascados y sin visos de solución en una guerra contra nosotros mismos. No llego nunca a comprender, y cada año lo someto a la consideración de mis estudiantes, por qué razón o razones siguen aumentando los números de la pobreza y no olvidemos jamás que detrás de cada número hay un ser humano desesperado (y en la desesperación podemos esperar que ocurra cualquier cosa). ¿Por qué una sexta parte de los habitantes de nuestro planeta vive en una situación de extrema necesidad?, la misma que denunciaba Tomás de Aquino hace ocho siglos y que ya he mencionado en algunas ocasiones. ¿Cómo estamos distribuyendo los recursos con los que contamos? ¿Por qué hemos convertido en Occidente la justicia social y la distribución igualitaria de la riqueza en una simple limosna que silencia nuestras conciencias o en una acción social que sólo se limita a justificar que no somos culpables de ser, hasta cierto punto, afortunados?

Es necesario volver a creer en la utopía y trabajar para que acontezca. Volver a creer en la Esperanza como mediadora entre la palabra y la misma palabra que se convierte en acción. La vida es incierta, por supuesto, y es probablemente la mejor de las formas en que puede devenir y no hay nada más saludable que una sociedad líquida para comprobarlo. Pero no confundamos la incertidumbre con la utopía, no confundamos el no sentir seguridad con la Esperanza y con la Justicia social que tanto necesitamos.

* Profesor de Filosofía

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1 Comentario
01

Por Jodidaperocontenta 9:30 - 08.10.2019

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Me ha encantado el artículo. Lo de la incertidumbre está creada con toda la idea, con miedo puedes controlar a la sociedad. Si aprendemos a no tenerle miedo a esa incertidumbre, podremos encontrar maneras para sobrevivir, siendo menos consumistas y más altruistas. Quizás consista en necesitar menos y compartir más para acercarnos a eso que llaman felicidad, o al menos estar en paz. Que sigan jugando a la incertidumbre los de arriba, con no entrarles al trapo es suficiente. Enhorabuena, que me ha encantado.