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La hoguera, la momia y el espejo

 

La gente que trabaja es la que ha perdido y volverá a perder. La gente que trabaja es siempre la que pierde, la que pone el culo y la cama y encima paga el champán aguado, o sea, el cava. Cantaba Ana Belén «Arde París y en tu piel se para el tiempo», también Hitler preguntó al general Dietrich von Choltitz «¿Arde París?» cuando ya no había Reich más allá de su cerebro en llamas. París no ardió en aquel 1944 ni hace ahora un año cuando los chalecos amarillos buscaron de nuevo la playa de los precios del gasoil bajo los adoquines de los impuestos en ascenso libre. Choltitz no permitió que ardiera París, Macron tampoco, pero Sánchez ha dejado que arda el centro de Barcelona y que la gente que trabaja vuelva a perder. Se han quemado contenedores y mobiliario que pagaremos los españoles vía impuestos a través del FLA. Han quemado veladores y sillas, sombrillas y coches, y los paganinis serán los ciudadanos que trabajan con sus negocios y su sueño mal dormido en las madrugadas camino del trabajo. Unos incendian sus sueños con el combustible del de los demás. Nadie en cuarenta años ha sabido explicar a los secesionistas que si se independizan España será un veinte por ciento más pobre y Cataluña un ochenta, que el setenta por ciento de las empresas y el treinta por ciento de la población se largará de la pesadilla iluminada a la luz de las hogueras del centro de Barcelona. Canta Ana Belén «Detrás de ese incendio que te mueve se esconde una ciudad de dos mil años. Detrás de ese incendio, dicen que solo existe el mar». La insensatez de Sánchez y de su ministro blandito, el más blandito de cuantos hubo al mando de los zetas, han dejado arder las calles y las plazas entregándolas a la ceniza del Ave Fénix que renace cada tanto allá donde los Layetanos adoraban a la Luna en el Lunarion Akron. Le preocupa más una momia y preguntarle al espejo si es el más guapo. Llevan tres siglos con la matraca pero han sabido camelarse a esta izquierda rara que desde hace cuarenta años se alía y defiende a una burguesía racista y a sus intereses y privilegios. Los que pierden siempre son la gente que trabaja. Los que seguirán votándoles.

* Escritor

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