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Historia en el tiempo

Un historiador insigne: M. Artola (2)

El donostiarra dinamitaba versiones esclereotizadas acerca de la Ilustración

 

Un historiador insigne: M. Artola (2) -

Tras la aparición de su impactante tesis doctoral y diversos trabajos menores, el eximio estudioso donostiarra dio a la luz, a comedios del novecientos, su obra tal vez más sobresaliente: Los orígenes de la España contemporánea (Madrid, 2 vols, 1959; existen dos ediciones ulteriores).

El status quaestionis bibliográfico tanto nacional como foráneo era impecable, como originales la documentación y, en especial, su empleo, ya que el tema estaba abierto a la polémica: Juretschke, Suárez Verdeguer, Sánchez Agesta... Lecturas vastas y meditadas, alternadas con felices pesquisas archivísticas, y una argumentación muy elaborada y perspicaz le servían para asentar audaces teorías sobre múltiples tramos de un periodo hecho a la medida de sus inclinaciones y deseos, favorables al revisionismo permanente, al inconformismo y hasta al iconoclasticismo, según apunta uno de sus mejores amigos, al par que también gran historiador guipuzcoano, Antonio Elorza.

Conforme a sus hábitos intelectuales, Artola dinamitaba visiones esclerotizadas o generalizadas acerca de la Ilustración y las sustituía por otras, en las que la racionalidad constituía la clave de bóveda el proyecto de los pensadores y políticos de las Luces. Buen auscultador de los latidos sociales de la España de la segunda mitad del Setecientos, la desembocadura del proceso al Antiguo Régimen se imponía como fenómeno natural y lógico. Más que detonante, la guerra de la Independencia fue espuela y acicate. En casi toda las dimensiones, la España del primer liberalismo se presentaba como hija de las Luces.

Una vez publicado su libro, la historiografía contemporánea disponía de una firme plataforma conceptual de arranque para interpretaciones salidas de los moldes habituales y construida «heterodoxamente» en ciertos extremos; lo que la hacía más atractiva a los ojos de los investigadores de las nuevas hornadas, penetrados ya de la revolución metodológica que en el modernismo francés encabezara la Escuela de los Annales y robusteciese la de su último y más brillante adalid: Ferdinand Braudel

A punto de cumplirse un decenio de estancia salmantina y poco antes de posesionarse de la cátedra de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid, nuestro autor veía publicada su importante contribución a la Historia de España de Menéndez Pidal –La España de Fernando VII (Madrid, 1968). Libro, como otros suyos, algo teratológico; de un torso y cabeza equilibrados y unas extremidades deformes por su apresurado y galopante análisis. El planteamiento renovador y polémico, acusadamente subjetivo y sugestivo, la robusta construcción y la aguda implementación le prestaron de inmediato un halo de merecida atención y referencia entre los especialistas y estudiosos de la apasionante época del término del Antiguo Régimen.

* Catedrático

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