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A pie de tierra

Hacer futuro desde el pasado

Ejemplos que muestran que otra forma de gestionar el patrimonio es posible

 

"O los Parques de la Val di Cornia, regidos por una Sociedad de capital público sostenida por cinco ayuntamientos". -

Desiderio Vaquerizo Desiderio Vaquerizo
24/05/2019

Aun cuando en el fondo lleve aparejado todo un mundo de matices, en la forma el mecenazgo no es sino la contribución --a día de hoy solo económica-- por parte de personas físicas y jurídicas a actividades de interés general materializadas a través de fundaciones y asociaciones; una filosofía en la que deberían también desempeñar un rol determinante las comunidades locales y la empresa privada, tradicionalmente contrapuesta desde las instancias oficiales a la investigación y la tutela del patrimonio arqueológico con base en argumentos tan falaces y genéricos como el de que presiona a los responsables de aquéllas a la hora de obtener resultados. Sin embargo, empezamos a contar con ejemplos significativos de lo contrario, en España --caso de Los Bañales (Uncastillo, Zaragoza), Cartagena (Murcia) o Carteia (Cádiz), como fuera de ella (Francia, Italia, Reino Unido...)- que confirman el papel de verdad relevante que para la conservación y correcta gestión del patrimonio arqueológico puede desempeñar la ciudadanía, así como la importancia creciente del mecenazgo privado. A cambio, este solo suele exigir cierta visibilidad --una forma estupenda y muy efectiva de satisfacer la vanidad y alimentar el prestigio y la reputación en el grupo--, formación, y disfrute compartido y orgulloso de lo logrado, premisas que hacen su participación activa en el proceso muy deseable, sobre todo en ciudades tan singulares como Córdoba.

Entre los muchos ejemplos que podrían servir de referencia en Italia destacan: la Fondazione Aquileia, que se encarga de manera integral del yacimiento homónimo y su territorio, casi ya en la frontera con Eslovaquia; la Fondazione Parco Archeologico di Classe-RavennAntica, que hace lo propio con Rávena, Classe y sus respectivas áreas de influencia, tratando al tiempo de generar discursos patrimoniales complementarios al secularmente ligado a las grandes basílicas tardoantiguas y altomedievales; la Fondazione Archeologica Canosina, que desarrolla una labor extraordinaria en la recuperación y puesta en valor del patrimonio arqueológico de Canosa y su comarca; o los multipremiados, dentro y fuera de Italia, Parques de la Val di Cornia, regidos por una Sociedad de capital público sostenida por cinco ayuntamientos, que en los años setenta y ochenta ayudó a la reconversión cultural y económica de una zona volcada de manera tradicional en la minería y la siderurgia, aun cuando a día de hoy deja entrever ciertos signos de crisis. Llaman también la atención el proyecto Navigare il territorio, que de forma modélica sostienen la Fundación Benneton, los aeropuertos de Roma y la Soprintendenza Speciale per il Colosseo e l’Area Centrale di Roma en colaboración con el Comune de Fiumicino, para, prestando en todo momento atención preferente a los habitantes de la zona, dar a conocer y potenciar la visita del Parco archeologico-Naturalistico dei Porti Imperiali di Claudio e Traiano, cuya integración con el nuevo Parque Arqueológico de Ostia y Fiumicino queda, no obstante, a día de hoy un tanto en el aire; el proyecto relacionado con el anfiteatro campano de Santa María Capua Vetere, que combina exitosamente monumentos, piezas arqueológicas, gastronomía, literatura y personas; o el de las catacumbas de San Genaro, en Nápoles, que han representado un renacer cultural, económico, y sobre todo humano, del Rione Sanità, de la mano iluminada del sacerdote don Antonio Loffredo y su patrimonio arqueológico.

Todos ellos son muestra más que suficiente para entender que otra forma de gestionar el patrimonio es posible, convirtiéndolo de paso en factor vivo y activo de cohesión, dinamización y crecimiento de una comunidad, de una ciudad o de un territorio. Claro que, con todos sus problemas y limitaciones, una cosa es Italia y otra muy diferente España, o Córdoba. Aun así, el mejor testimonio de que la sociedad cordobesa --o al menos parte de ella-- empieza a estar preparada para incrementar su nivel de compromiso colectivo y aventurarse en la empresa común de proteger, investigar y difundir nuestro gran legado colectivo, son los casi trescientos Amigos que suscriben ya nuestro proyecto de cultura científica Arqueología somos todos; algo impensable en nuestra ciudad hace solo unos años, que demuestra la existencia de demanda y preocupación social crecientes por la arqueología y el patrimonio. Por eso, resulta aún más dramático que sean los poderes públicos y los agentes responsables locales, desde los puntos de vista administrativo e institucional, quienes no terminen de entender, ni de asumir, las vías de desarrollo casi infinitas que aquellos ofrecen, ni tampoco la potencialidad evidente de otras maneras de hacer, planificar, organizar las cosas y optimizar recursos. En definitiva, de hacer futuro desde el pasado.

* Catedrático de Arqueología de la UCO

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