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Al paso

Flamenco

 

Muchos artistas, a través de la plataforma cultural Bernó, muestran su reconocimiento a la gitanidad del flamenco porque estamos asistiendo a una negación de su origen calé por parte de poderes facticos relacionados, para justificar la ausencia de estos profesionales en grandes citas, incentivando así, en tremenda injusticia, el empobrecimiento de los artistas gitanos. Antes del del siglo XV, aquí nadie cantaba flamenco. Habría cantes gregorianos, judíos, árabes, íberos o tartesos. Pero eso no era todavía flamenco. Como dice Ortega Rubio, líder de Bernó, se pueden tener muchos ingredientes para hacer un potaje. Pero si no hay un buen cocinero que sepa mezclarlos además con los que él trae, no hay potaje. El pueblo gitano no solo aportó al flamenco, sino que lo creó juntando todo. Pero hay más: el flamenco, llamado en la Edad Media y no por capricho «Baile de gitanos», no desapareció, porque los gitanos lo adoptaron como parte inseparable de sí mismos. Cierto que con el pasar de los siglos se pudieron unir al árbol palos ajenos a ellos. Pero el tronco es moreno de verde luna. Pues bien, el Vía Crucis de persecución de la raza de bronce, que duró desde 1499 hasta 1978, sin que por ello dejaran de cantar, insertó el eco flamenco en sus genes para que ellas parieran a los niños con compás y nostalgia en la voz. Y así, este pueblo se erigió no solo en el responsable de su conservación sino en su mejor intérprete. Poco a poco, sobre todo a partir de principios del XIX, surgieron grandes artistas no gitanos porque lo bueno se pega cuando hay brotes de tolerancia. Y hoy tenemos gente no gitana que ama el flamenco tanto como a su madre. Precisamente estos, como también son flamencos de verdad, son agradecidos con este legado gitano y lógicamente también les duele esta masacre cultural que amenaza con hacer desaparecer esta bellísima expresión popular por obviar a sus paladines. Y es que solo se está apostando por un supuesto flamenquito nada vanguardista y muy pervertido, de grupitos con nulos quejíos jondos y mucho deje chirigotero (que están muy bien, pero para el carnaval). Por racismo y porque un artista flamenco de verdad muestra la vulgaridad del enchufe, existe todo un plan preconcebido para que los artistas agitanados no sean contratados. Pero ¿saben que les digo? Que esta gentuza tiene la batalla perdida; el cante gitano ha resistido prisiones, galeras e inquisiciones y resistirá también a tanto egoísta mal nacido. Porque, aunque nos empobrezcan, en nuestra intimidad seguirán por siempre escuchándose ecos eternos que nos dan felicidad, mientras que a todos esos antiflamencos avariciosos, efímeros y racistas, se los comerán los gusanos junto a su puto dinero y nadie se acordará de ellos.

* Abogado

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