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Hoy

Fichar

 

Les confieso que me ha surgido un nuevo problema con la Administración. Reirán: ¿Uno solo?; y: ¿Con qué administración?... En serio: sí, tengo otro problema con la Administración: el fichar en mi trabajo. Ustedes, de guasa, me preguntarán: ¿Y cuál es tu trabajo? Y contesto: Yo, como sospecharán, escribo, o hago como que escribo; por lo tanto, soy escritor. Siempre que salto con esto en un interrogatorio burocrático o de una señora que indaga en mis posibilidades amorosas, encuentro la misma mueca de sarcasmo, la misma mirada de ironía y siempre la pregunta: ¿Escritor? ¿Y eso qué es? Tenía mi plaza de maestro y pedí la excedencia para dedicarme a escribir; no como distracción, sino como profesión; es decir, como trabajo. Sí, no se rían; por los años ochenta fuimos muchos los pardillos que nos creímos aquello de la patria andaluza y su despertar cultural. Y mi excedencia no fue como la que se averiguaron otros: perdí mi oposición. Pensarán: Otro parásito que vive del cuento. Y sí, vivo de contar. Y pensarán: ¿Qué trabajo es eso de escribir? ¿Estás de guasa? Les aseguro que no; cada madrugada, desde hace casi cuarenta años, me levanto temprano y me sigo viendo la misma cara de pasmo. Para mí no hay días laborables o festivos, puentes o acueductos, agostos ni diciembres, convenios, trienios ni jubilación. Y sí, he tenido muchos problemas, hasta de comer y calentarme, o no saber dónde meterme cuando una mujer me pide el currículum para ponerme la prueba de acercarse a mí (no la paso, claro); y no me puedo costear un psiquiatra. Pero, eso sí, reconozco que nunca he estado en el paro. Ahora, después de tantos años, tantas canas, tantos ridículos, me encuentro con un problema que jamás imaginé: controlar mis horas de trabajo. Ante una inspección, no hallo maquinita donde fichar el tiempo que paso mirando al vacío sin saber cómo escribir un dolor del alma. ¿Cómo computo tanta soledad? ¿Cómo cuento el tiempo de desilusión, de silencio, de marginación y de tristeza? ¿Cómo calculo la vida perdida en otra noche, otro sufrimiento, otra inocencia derramada ante otra mentira? ¿Cómo, la desesperación, el abandono, la agonía, todo ese material que le da vida a un poema y que les sirve a otros para aliviar su soledad, su desamor, sus frustradas ansias de plenitud?

* Escritor

Opinión

José Mª Bellido

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