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Tribuna abierta

Feria taruga

Sobre los festejos taurinos y la singularidad de la Feria de Pozoblanco

 

Feria taruga - RAFA SÁNCHEZ RUIZ

La altanera capital de Los Pedroches ya está en feria. Este año Pozoblanco se viste de nuevo de luces, con premura, con un cartel de postín alardeando con espadas destacadas del escalafón taurino; disputando (el día 21) en buena lid el pugilato de Antonio Ferrera, el empaque de Manzanares y el popular Fandi.  Más adelante (28 y 29), metidos en faena ferial, seguirán sonando los clarines en el coso de Los Llanos para azuzar las muletas de otros diestros de renombre, a pie y a caballo, porque hay gustos para todos (Manuel Escribano, David Galván y el valenciano Román Collado; a caballo Diego Ventura, Rui Davis Fernández y la francesa Lea Vicens...). Los espectáculos taurinos han sido siempre santo y seña la capital taruga, pero las ferias son mucho más. Antaño, como todas, un fabuloso mercado de ganado en el Rodeo del que ya nada queda; solo las añoradas estampas de los mayores,  que recuerdan con chispitas en los ojillos las ferias tradicionales de verdad. Aquellas ferias donde las fiestas grandes solo eran cuatro veces al año, siendo una de ellas la de Septiembre, que asienta sus raíces contemporáneas en el s. XIX (1842). Hoy son otra cosa. Más convencional, si cabe, en los parangones de todas las actuales.

Con todo, Pozoblanco significa en estos festejos los valores fundamentales que la definen como colectivo en una situación geográfica excepcional. Su centralidad y potente economía hacen que la feria de septiembre sea un poco la de todos los de la comarca, acudiendo con el prurito de un festejo de copete, con grandes espectáculos de capital y fuegos de artificio de relumbrón; igualmente se acercan, avivados por la proximidad, los adláteres extremeños y manchegos al arrimo de tanta gallardía en las galanterías del capote. Todas las ferias son punto de encuentro por excelencia, y Pozoblanco no lo es menos. Desgraciadamente cuenta con un elenco notorio de emigrantes de los de antes y los de ahora: de aquéllos que antaño se fueron desvalidos al norte (con procedencias varias), pero siguen hundiendo aquí sus más profundos sentimientos; los de ahora, constituyen una alargada nómina de jóvenes que estudian y trabajan (los más afortunados, cada vez más lejos, en Europa) y no siempre encuentran su justa recompensa en su tierra, parangonando de facto a los de antes en no principal. Con más cultura y formación, pero con iguales resultados en el estar y vivir lejos de sus casas. Mayor conjunción se produce aún en la Feria, porque Pozoblanco es nudo de intensas relaciones sociales y económicas. A pesar de su aislamiento geográfico,  difícilmente superado. La capital de la comarca –sin que otro nadie se enfade por ello, que no tiene título– desparrama con mucha soltura un buen elenco de profesionales procedentes de otros lares. Es grande su población flotante y la multilateralidad profesional que vive en Pozoblanco. Sus hospitales y empresas mueven no pocas vidas diariamente de flujo intenso, siendo todos un poco (y un mucho) de la casa, que acoge sabia y hospitalariamente con empeño de crecer y desarrollar su economía. Como todo el mundo sabe, es ciudad afable y emprendedora. Se vive bien. Realmente no es capital grande ni inmunda de ruidos y pesares urbanitas, sino todo lo contrario, de vida apacible y funcional; con equipamiento amplio y mirada de futuro.

En lo más boyante de la Feria, propios y extraños se disponen a vivir en unos días (desde el 21 al 29 de septiembre) los dislates del esparcimiento y descanso. Con variedad de opciones (de edad, gustos…) para todos. La ciudad es prolija en ofertas de diversión. Variada y dispersa en formas y maneras de entender la fiesta, porque no todo el mundo asiente con la contundencia intensa del Ferial;  para ello están las calles plagadas de alegría y buen ambiente, en esas aparcerías (de mediodía dilatada de vinos y cervezas) que son la carta de presentación de la tierra. En lo más grueso, no faltan teatros de formato vario, con avezados actores de la casa y Corte (La Trastienda Teatro, El Brujo, Concha Velasco) con espectáculos de relumbrón; deportes y campeonatos de arrastre y exposiciones de postín (certamen nacional de escultura y pintura...). Enaltecimiento, siempre, del caballo de la tierra y caseteo al uso con disparidad de gustos. Música, música... Todo Pozoblanco y comarca se visten de fiesta para sentir durante unos días una de las emociones fuertes de la vida. Tal debe ser.

* Doctor por la Universidad de Salamanca

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