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Tribuna abierta

Los extremos se hunden

 

Los extremos se hunden -

Miguel Valcárcel Miguel Valcárcel
30/05/2019

Los «extremos se tocan» es una frase muy manida y odiada por los partidos políticos que juegan como los extremos derecha e izquierda en un equipo de futbol. Así son Vox y Unidas Podemos en el panorama político español. Además de otras connotaciones (caudillismo, demagogia, enfoques drásticos, escasa democracia interna real a pesar de las apariencias, etc.) que les unen, les separa el respeto a los derechos humanos. Ahora en las elecciones del 26 de mayo de 2019 también comparten el hundimiento del número de votos y, por consiguiente, con escasos logros electorales de relevancia. Las urnas los han arrinconado sabiamente en los escaños españoles en el Parlamento Europeo, de los parlamentos de las comunidades autónomas y de los ayuntamientos.

En el fútbol actual, los extremos casi no tienen su función clásica. El enfoque de Guardiola de que estos dos puestos sean cubiertos con flexibilidad por laterales y centrocampistas ha cambiado las tácticas futbolísticas. Así nos lo han advertido los resultados de las elecciones del 26 de mayo: los extremos clásicos como el mítico Gento se desdibujan. Este mensaje deberían asimilarlo los políticos con vocación de extremista que tienen su Olimpo en las dictaduras democráticas como las de Venezuela y el periodo franquista, durante el cual también se «votaba».

Los extremistas comparten también su actual estrategia de incrustarse en partidos políticos mas centrados para ganar el poder que no han conseguido en las urnas. A la izquierda es notoria la obsesión de Pablo Iglesias de que Unidas Podemos forme parte del futuro Gobierno de Sánchez, incluso auto-proponiéndose como ministro. A la derecha, Vox exige estar en las mesas de negociación PP-Ciudadanos para configurar mayorías en ayuntamientos y así evitar su marginación en Andalucía pese a su apoyo a la coalición de centro derecha. Los partidos políticos mas votados deberían poner barreras para que sus políticas mas centradas no se vean alteradas por los extremistas y por ello, hay que mantenerlos alejados del poder. Además, los partidos mas centrados deberían conspirar para ayudarse entre sí y si no se consiguen mayorías absolutas por la inhibición de los extremistas, respetar que se gane sin los extremistas. No deberían tener poder aquellos que menosprecian de facto a las mujeres e inmigrantes, que desprecian las donaciones de Amancio Ortega a la sanidad pública, que sean incoherentes (ej. el movimiento 15-M y el casoplón en Galapagar, el usar la Constitución como argumento en debates y renegar del «régimen del 78», etc.). El pueblo no es tan ingenuo como creen. Y todas estas barbaridades se pagan caro en las elecciones.

* Profesor jubilado de la UCO

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