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Tribuna abierta

Estrategia española de economía circular

El objetivo es eliminar los vertederos a medio plazo y para ello hay interesantes caminos

 

Estrategia española de economía circular -

Estrategia española de economía circular -

FRANCISCO SOLANO Cobos Ruiz
07/07/2020

Predecir el futuro, saber por dónde irán las tendencias, es todo un tesoro; permite a un empresario anticiparse y prepararse para esa nueva moda, ofrecer ese servicio que será necesario o adaptarse a unos requisitos legales que no hayan llegado todavía.

La publicación por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico de la Estrategia española de economía circular 2030 enseña el futuro a quien lo quiera ver, sin bola de cristal, sin llamar a un teléfono de pago: una estrategia que se resume en el objetivo de eliminar los vertederos a medio plazo, ya sea generando menos residuos, reduciendo necesidades, con una mayor eficiencia en el uso de los recursos o incrementando las salidas de materiales clasificados y recuperables (reciclaje, reuso).

Lo primero que hay que tener claro es que esta estrategia se deriva de la obligación de cumplir con los requisitos emitidos por la UE, y que tarde o temprano formarán parte de nuestra legislación.

En cuanto al contenido de la misma, se puede representar en un simple cuadro que cualquiera entiende. Relaciona los distintos tipos de residuos y les impone unas limitaciones de reciclaje, recuperación o de cantidad que puede llegar a vertedero, en distintos horizontes temporales: reciclar el 65% de los envases en 2025, limitar el vertido de residuos municipales en vertederos al 10%, y otras cifras semejantes para aluminio, papel o madera.

Una línea destacada es la alimentación; la UE estima que desperdiciamos el 20% del total de los alimentos producidos. Por ello, se desarrollará la estrategia «de la granja a la mesa», orientada a la reducción de pesticidas y plaguicidas y, por consiguiente, mayor presencia de la agricultura ecológica, completada con mejoras en los envases, en la percepción y actitud ante las fechas de caducidad, recuperación de sobrante alimentario hacia piensos y, sobre todo, educación preventiva.

Eso es lo que va a ocurrir, y para evitar una sanción y, sobre todo, anticiparse a los cambios, hay que seguir esta tendencia: reducir consumos, eliminar desechables, introducir recursos renovables (especialmente la energía) y reciclables, y ¡atención a todo lo que sale de su proceso productivo!. Nada se tira, todo va al lugar adecuado. Aparece el interesante concepto de materias primas secundarias, todavía pendiente de desarrollo, y consistente en el intercambios de materiales intermedios: una escoria, un resto de poda, o una sustancia química que se desecha en una empresa puede ser un input con valor económico en otra; el residuo se convierte en recurso.

Cada vez serán más los negocios que al vender un producto nuevo deberán estar preparados para recoger el reemplazado. Lo que hoy ocurre con los electrodomésticos o con los neumáticos ocurrirá, quizás, con la ropa o con los muebles. Estas acciones generarán nuevas necesidades de organización, modelos de negocio y necesidades de empleos. La mayoría de las previsiones económicas apuntan a un importante número de empleos en estas actividades. Hay otras ventajas, como el hecho de que mientras menos recursos necesite del exterior menos dependerá la viabilidad de mi empresa de mercados sobre los que no tengo ningún control.

El reto final es mantener los niveles de bienestar con una menor extracción de recursos.

Finalmente, se atribuye al consumidor una importancia no conocida hasta ahora: incremento de la información sobre la vida de los productos y de las alternativas a su consumo, obligación por parte de las empresas de innovar y aplicar técnicas para que los productos tengan una vida útil más larga y sean más reparables. Contra la obsolescencia programada aparece el derecho a la reparación y el fin de «esto no merece la pena arreglarlo».

Los ciudadanos, con sus hábitos de consumo y sus decisiones de compra, son los que tienen la última palabra en este, el mayor problema que afronta nuestro mundo, y es que como decía Sidney Smith «el mayor de los errores es no hacer nada porque solo puedas hacer un poco. ¡Haz todo lo que puedas!».

* Profesor asociado de Empresa y desarrollo sostenible. Universidad Loyola Andalucía

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