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Hoy

¡Este cosmos poético!

 

Un año más, termina Cosmopoética. Apenas me he enterado. ¡Si yo pudiera explicaros cómo ha muerto la poesía; por qué los que, sin el permiso de nadie, nos nombramos poetas pudrimos el hilo que nos iba enlazando, generación tras generación, para acabar en esta nada sobre nada! Y en nuestra inmensa, inagotable, insaciable vanidad nos justificamos con que la gente no lee poesía, ni siquiera la mira ya, porque la poesía es de minorías. Le hemos robado la poesía al pueblo, y los que tendríamos que ser la voz de ese pueblo, pues vivimos de él, para ponerle palabras a sus silencios, soledades, amores, melancolías, sueños, nos hemos dedicado a repasarnos el ombligo de nuestro irrisorio ego, o lo que sea de lo que más nos guste de nosotros. ¿Para qué sirve un poeta y su poema si no cumple esa sagrada misión de devolverle al pueblo la voz que le pertenece? Un poeta que no surja del pueblo y se quede en él con su poesía, es el peor parásito de esa sociedad, porque está colaborando a que el poder practique su aplastamiento. Es el poeta adorno, el poeta oficial, el que se presenta como iconoclasta, revolucionario, antisistema, cuando en realidad solo es un fantoche marioneta investido con los oropeles de la ideología de moda, y así ser premiado, publicado y convocado a los actos que organiza el poder para hacernos creer que emplea en algo útil el dinero que recauda. Ecologismo, feminismo, intimismo... ¡qué más da! La ideología solo es la vestimenta para camuflar el vacío y la mentira. Por eso la cultura del poder no sirve para nada, es el peor de los sofismas de ese poder. Y el pueblo, cada día más perdido en los laberintos de su alma, sin palabras para encontrarse y ser libre; es decir, sin poesía. El poder, como ha hecho con todo, se encargó de matar los poemas banalizando para sus intereses a los maestros. El gran cantor poeta Atahualpa Yupanqui ya lo denunciaba: «Tú piensas que eres distinto porque te dicen poeta, y tienes un mundo aparte más allá de las estrellas. De tanto mirar la luna, ya nada sabes mirar; eres como un pobre ciego que no sabe a dónde va. Vive junto con el pueblo, no lo mires desde afuera, que lo primero es ser hombre; y lo segundo, poeta». Pues eso. (Y perdonadme la larga cita, pero Atahualpa lo pinta mucho mejor que yo).

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