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La vida por escrito

Estado de catástrofe

El fregadero atascado y la desazón que provoca, una alegoría de las actuales vivencias sociales

 

Miguel Aguilar Miguel Aguilar
27/11/2020

En un claro ejemplo de lo que Carl Jung denominaría sincronía, la coincidencia significativa de hechos no conectados mediante una relación causa-efecto, esta semana se me atrancó el fregadero al tiempo que mi costumbre de ir al baño justo tras el desayuno se vio interrumpida hasta extremos preocupantes. El ritmo casi musical de mi rutina diaria, de repente, se topó con un compás de espera en el que mi equilibrio estuvo a punto de saltar por los aires.
Cuando descubrí el atranque, un cerro de platos y cacerolas se desmoronaba por la cocina con la última tacita que intenté colocar con cuidado en todo lo alto. Eso fue lo que me empujó a buscar una solución de emergencia con un líquido desatascador de efecto turbo. Me acerqué al super y compré uno de un litro. Recomiendan aplicar la mitad, pero con la prisa y la sospecha de que aquello era más grave de lo normal, le vacié el bote entero. Y lo dejé actuar toda la noche.
A la mañana siguiente, mi vientre seguía igual de vago. Y para eso no se me ocurría sino esperar. Pensé que tal vez era por la preocupación. El líquido desatacador parecía haber actuado porque había desaparecido tragado por el desagüe. Abrí el grifo y dejé correr el agua. Pero la euforia inicial se me atragantó al ver aparecer el agua desagüe arriba hasta volver a llenar el fregadero. Estuve un buen rato observando la superficie del agua, midiendo la velocidad a la que se bajaba, pero aquello acabó por desesperarme. Desmonté el sifón para sacar todo aquel agua y, al hacerlo, se me deshizo entre las manos. Ahora tuve que ir a toda prisa a comprar un sifón nuevo. Mirándolo detenidamente, comprobé a mi pesar que el atranque estaba en la tubería detrás de la pared. Qué desastre. Así que ahora se me ocurrió probar un cable desatascador. Pero por mucho que metía el cable y removía hasta donde alcanzaba, y recolocaba el sifón y dejaba correr de nuevo el agua, el atranque seguía apareciendo una y otra vez. Ya dado por vencido, angustiado por la hinchazón del vientre, decidí ir a por otros dos botes de líquido desatascador. Lo fui vertiendo hasta que la tubería se llenó con los dos litros y lo dejé de nuevo actuar unas cuantas horas.
La noche se me hizo eterna, y a las seis de la mañana me asomé al sombrío agujero del fregadero. Le imploré misericordia y abrí el grifo esperando que la magia de la química funcionara. Y así fue como el agua, después de llenar de suspense por unos minutos todo el fregadero, acabó corriendo arremolinada como nunca la había visto. Acto seguido, me tomé un buen café, relajé el vientre, y él me devolvió al ritmo normal de mi vida.
Este pequeño doble suceso me recuerda que la vida no es tan continua, normal y tranquila como pensamos y como nos gustaría. Lo que es un bache sin importancia para uno se convierten en un socavón catastrófico para otro. Pero la geometría del miedo y el sufrimiento es la misma para las catástrofes grandes y pequeñas. Lo grande y lo pequeño no solo depende de la escala en la que sucede sino también de la escala en la que se siente. Como nos hizo ver René Thom con su Teoría de las Catástrofes, casi todo en la naturaleza, en el hombre, en la sociedad, en la economía; casi todo en la vida es inestable y puede cambiar de forma catastrófica. Los teóricos de las formas en movimiento de la naturaleza, Per Bak, Chao Tang y Kurt Wiesenfeld, entienden que esto es así porque casi todo está compuesto de muchas cosas pequeñas que se rozan, se enlazan, se retuercen y chocan y se despedazan entre sí una y otra vez hasta alcanzar una situación de equilibrio muy precario, lo que bautizaron como criticalidad autoorganizada, un estado en el que hay continuas avalanchas catastróficas, algunas pequeñas y otras más grandes, como cuando por ejemplo se coloca una tacita sobre un cerro de cacharros sucios. O como cuando el Gobierno decide, otra vez, subir un poquito los impuestos. O publicar otro pequeño reglamento para atascar un poco más nuestras vidas. Un estado de catástrofe es lo normal.


* Profesor de la UCO

============10_DES_OPI_OPI_01 (5627690)============
«Saldremos de esta. Pero ¿cuántas prendas habremos perdido? Vendrán más pruebas»
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«Este pequeño suceso me recuerda que la vida no es tan continua, normal y tranquila como pensamos»

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2 Comentarios
02

Por vecino 8:50 - 27.11.2020

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Como está el patio profesor, qué desastre: El PP no apoya la moción del Europarlamento contra la regresión de los derechos de las mujeres en Polonia.

01

Por vecino 8:49 - 27.11.2020

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Tiene usted razón profesor: El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid borran de sus presupuestos los 600.000 euros destinados a la lectura para los mas desfavorecidos. Gastan millones en banderas iluminadas que nada tienen que ver con las fiestas navideñas.