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Tribuna abierta

Espíritu navideño versus denostada Navidad

 

Espíritu navideño versus denostada Navidad -

Cada año la escena se repite: noviembre, desde hace años, es el vestíbulo temporal de la Navidad. El progreso y la civilización han hecho de la Navidad un escenario de luces, compras, comidas, regalos, colapsos en redes sociales, ropas elegantes y reservas imposibles en restaurantes de postín. Durante el puente de la Constitución la explosión de diversión y superficialidad es ya total. Los cajeros automáticos y las maquinitas de cobrar echan humo. Para el 25 de diciembre la Navidad está ya más que reventada y las miradas se concentran en fin de año, en Reyes y en las rebajas. La escasez de lo auténtico está servida.

Sin embargo la presencia del espíritu navideño está ahí, se detecta, no descansa, y en estas fechas más que nunca se acerca a familias desestructuradas, a enfermedades incurables y a necesitados de todo tipo. Es consuelo de ancianos exportadores de soledad, de vagabundos que pasan frío, de gente presa de carácter duro y de familias enfrentadas.

Y es que el espíritu de la Navidad, tradición de origen nórdico para conmemorar el inicio del invierno, tiene el corazón tierno. Nace el 21 de diciembre, día en el que la Tierra está más alejada del Sol, solsticio de invierno, y en 2018 tendrá lugar a las 22.23 UTC (tiempo universal coordinado). El espíritu de la Navidad personifica lo positivo y los buenos deseos y cada año baja a la Tierra, visita a los hombres de buena voluntad y estos le dan la bienvenida. En contrapartida se reciben abundancia de bienes, paz y amor para los próximos doce meses. A veces las velas de la paz, la de la fe en el hombre y la del amor se apagan, pero el espíritu de la Navidad enciende la luz de la esperanza y todo vuelve a funcionar mejor.

Los mensajes de paz y buenos deseos en estas fechas son más que evidentes, aunque muchos sean tapados por la vorágine de un consumo salvaje y del superficial folklore pseudonavideño. Además, a poco que abramos los ojos, están los cálidos mensajes de muchos laicos llenos de humanidad y ternura. Nadie puede negar lo entrañable de estos días tintados de cierta magia. Recuerdo cuando era niño aquel eterno villancico de Antonio Machín: «Campanitas que vais repicando, Navidad vais alegres cantando y a mí llegan los dulces recuerdos del hogar bendito donde me crie...». También es emocionante leer lo que se conoce como la Tregua de Navidad: un breve alto el fuego no oficial entre las tropas de los imperios alemán y británico estacionadas en el frente occidental de la 1ª Guerra Mundial durante la Navidad de 1914. La tregua comenzó el 24 de diciembre; los alemanes decoraron sus trincheras, cantaron villancicos, sobre todo Stille Nacht (Noche de paz). Los ingleses respondieron con los mismos villancicos en inglés. Hubo intercambio de regalos y la artillería guardó silencio toda la noche. Menos famoso fue el alto el fuego acordado por las partes en el este de Ucrania el pasado año, el 23/12/2017.

Hoy el espíritu de la Navidad está presente en esas enormes y numerosas recogidas de alimentos, en los belenes vivientes y en los de las figuritas, en la sonrisa del emigrante del semáforo que nos ofrece clínex, en esos villancicos que la gente canta por calles y plazas, en la multitud de reuniones familiares a las que se añaden los que están fuera, en la lotería nacional, en las empalagosas películas de la tele, en la literatura infantil y en la literatura universal para adultos. También en el Hallelujah de Leonard Cohen y en muchos músicos callejeros. Hoy una patera, un campo de refugiados, un asilo de ancianos... son portales de Belén, lugares de olvidados. Por todo ello, ese deseo de paz a los hombres de buena voluntad es más actual que nunca. Creo que nadie va a poder terminar con el espíritu de la Navidad, ni con su similar y maltratado espíritu de la Transición, porque sus aromas han entrado a formar parte de nuestra vida cotidiana. En esa línea entiendo el reciente piropo de un diputado de Podemos a otro del PP.

El espíritu de la Navidad es mucho más que un bonito papel de regalo, mucho más que unas chicas vestidas de burbujas y mucho más que unos papas Noel de adorno trepando por unos balcones. El espíritu de la Navidad es compartir, es ser generoso en tiempos dedicados, es tolerar más y mejor las debilidades de los demás, es hacer un esfuerzo en comprender, es transmitir alegría... de alguna forma es procurar encontrar a la persona que hay detrás de una relación, de un parentesco, de unas ideas o de una ventanilla de un coche. El espíritu navideño nos hace más sensibles, más humanos y eso está bien. El espíritu de la Navidad, de alguna forma, nos recuerda que aún tenemos un alma viva.

* Docente jubilado

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