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El buen amor

 

OCTAVIO Salazar
25/11/2013

Quien bien te quiere te hará llorar. Parirás con dolor a tus hijos y seguirás con ardor a tu marido, que te dominará. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Amar es no tener que decir nunca lo siento. Love story, San Pablo, el Génesis, el Arrebato: "Búscate un hombre que te quiera y que te tenga llenita la nevera". Richard Gere que salva a Pretty Woman. Lo que necesitas es amor. Y un vampiro que te muerda y te haga renunciar a tu condición de humana. Crepúsculo. Perdona si te llamo amor.

Nos han contado tantas veces el cuento del príncipe azul y de la mujer que lo espera que hemos llegado a asumir como parte de nuestro orden cultural que el amor romántico es el ideal que todavía hoy condiciona las expectativas de muchas mujeres. El horizonte que termina por dar sentido a sus vidas, la meta que si no es alcanzada las convierte en fracasadas. La fábula que les seguimos contando a nuestras hijas y el sueño que sigue forrando las carpetas de nuestras adolescentes. Mujeres, hombres y viceversa. El amor entendido como posesión, como entrega absoluta, como negación de la individualidad. "He aquí la esclava del señor". Ahora las cadenas son el whatsapp, el facebook, el email. Los celos el perfume que sigue embriagando. All you need is love.

La mujer sumisa y el héroe dominante. La oración ideal para muchos obispos a los que tal vez habría que empezar a aplicarles rigurosamente el Código Penal. Ellos quieren ser como Mario Casas y ellas como María Valverde. Y estar tres metros sobre el cielo, donde los insultos o las amenazas parecen no escucharse, donde la dependencia se vive como una alucinación cuya intensidad es proporcional al corto de la falda que el novio no tolera en su pareja. "Dónde estabas que no cogías el teléfono", "cómo se te ocurre salir sin mí", "mira que te he dicho que no me gustan esas amigas que tienes". En busca de la media naranja, del complemento que al fin las haga perfectas, aunque ello suponga al fin sentirse atadas al que da sentido completo a la vida. Es decir, el amor como vehículo de plenitud vital y no la vida en libertad como condición desde la que es posible el amor. El de verdad, el que no duele, el que no hiere, el que no hace llorar, el que no mata.

Seguimos contando con tanta insistencia el cuento de la bella durmiente en una sociedad todavía patriarcal que no deberían extrañarnos los datos de los últimos informes que revelan el incremento alarmante de la violencia de género o el acoso entre adolescentes. Algo que a los que trabajamos a diario con jóvenes no debería sorprendernos porque llevamos tiempo constatando el evidente retroceso que en materia de igualdad se ha experimentado en las nuevas generaciones. Hasta el punto que no es infrecuente encontrar en ellos, pero sobre todo en ellas, no solo discursos sino también comportamientos que muchos creíamos desterrados. Ellos y ellas son el más dramático ejemplo de la era posmachista en la que nos estamos instalando. La que además jalean políticos liberales, tertulianos sabelotodo y jerarcas dogmáticos que se resisten a admitir que no es merecedora de tal nombre una democracia en la que la mitad no goce de las mismas oportunidades y del mismo nivel de autonomía. Y que el modelo continuará imperfecto mientras que los hombres no reconstruyamos nuestra subjetividad de machitos omnipotentes y mientras que no revisemos nuestras relaciones afectivas y sexuales con las mujeres. Es decir, mientras que no sustituyamos el amor romántico, que como el machismo mata y duele, por el buen amor que en vez de atarnos nos dé alas y nos permita reconocernos, a unos y a otras, como naranjas completas y no como seres a la deriva en busca de la mitad que nos falta.

* Profesor titular de Derecho

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3 Comentarios
03

Por Glupps 14:31 - 25.11.2013

Tengo entendido que los caracoles son naranjas completas (aunque, a efectos reproductivos, necesiten de la otra mitad). Por mi parte, no tengo inconveniente en ser sólo la mitad de un cítrico, sin que defienda por eso la opresión del macho sobre la hembra o alguna barbaridad por el estilo. Identificar el amor romántico con el machismo que “mata y duele” lo veo una exageración.

02

Por neurosis y psicosis 9:31 - 25.11.2013

Así, lo que en principio se cree que es la felicidad, en realidad es una neurosis, una falsa realidad... Y un sueño puede convertirse en pesadilla. Pero cómo salir, en realidad, de un laberinto, de una calleja sin salida??? Que se sea, hombre o mujer, o mujer y hombre, los que tienen dificultades en sus relaciones deben encontrar alguien, un lugar... donde puedan expresar las dudas y dificultades para continuar con la otra persona que ya no corresponde con lo que se creía ser!!! Un amor o enamoramiento puede convertirse en odio, en ira..., y donde debería existir la alegría... hay griterío, jaleo, donde se debe estar feliz hay tristeza, depresiones, gritos... Cómo salir de una situación que se ha vuelto peligrosa??? Qué propone la sociedad misma??? Decir que todo viene del "macho", es negar la complejidad de una situación en la que hasta hace 3 décadas no se podía salir o resolver (jurídicamente)!!!

01

Por libertad y calidad existencial 9:23 - 25.11.2013

Nuestra sociedad es machista en su complejidad y eso tal vez desde el principio. Y cambiar (evolucionar) eso es difícil y necesita de la participación de todos. Pero también de unos planes correctos para solucionar este complejazo. Y no, con eufemismos y sexismos (malos tratos y violencia de género). Se trata de la problemàtica conyugal y familial. O sea, de la base de la sociedad misma. Algo falla y hay que afrontarlo correctamente. Para ello, todos (expertos en los temas cotrespondientes, profesores...) deben presentar la xomplejidad de las relaciones conyugales y las variantes en caso de conflicto agudo. Y no creerse y hacer creer que todos los males vienen del "machista", que en realidad es una etiqueta y que con ella se cree que el problema està identificado, que se puede arreglar con chapuzas.