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Tribuna abierta

Dos rivales y nosotros

El que se enfrenten China e India no es un asunto exótico para los españoles

 

Dos rivales y nosotros -

Manuel Valencia Manuel Valencia
02/07/2020

En la meseta abrupta de Ladakh, a unos 5.000 metros de altura, solo hay un 60% de oxígeno y en invierno las temperaturas caen a -35º. Es un territorio inhóspito al sur de los Himalayas, de unos 3.500 kilómetros de largo y que hace de frontera imprecisa entre China e India. Pekín lo considera una prolongación de su Tíbet e India de las montañas de su Cachemira. Hubo un incidente sangriento en 1962 entre los dos ejércitos (que perdió India) y desde entonces cada país envía en verano patrullas para marcar su frontera. Cuando yo vivía en China, todos los veranos había incidentes menores provocados por ambas partes para demostrar que ninguno se daba por vencido. Normalmente las dos cancillerías se llamaban para limitar el impacto. Hace cuarenta años acordaron también que las patrullas irían desarmadas para evitar la tentación de apretar el gatillo.

Pero hace una semana se produjo una emboscada en el valle del río Galwan en la que fallecieron veinte militares indios en un combate mano a mano utilizando estacas con alambre espinoso y otros diez soldados estuvieron prisioneros de los chinos durante tres días. Contemplar a dos potencias nucleares zurrándose a palos es sin duda pintoresco, pero ¿qué es lo que hace que soldados en vez de protegerse del entorno inhóspito, casi lunar, la emprendan a estacazos hasta matarse? Sin duda están instigados por sus estados mayores. Ladahk no tiene grandes riquezas naturales, ni agricultura, solo algún rebaño de yaks. China quiere esa zona porque quiere controlar los alrededores de su problemático Tíbet (con el agravante de que el Dalai Lama, el enemigo número uno de China, está asilado en India desde 1959), pero además porque en los glaciares de toda la amplia región del Himalaya nacen todos los ríos importantes de Asia que fecundan Pakistán, India, Bangladesh, Vietnam, Tailandia, Myanmar y China. Si controlas el nacimiento del río controlas la vida de cientos de millones de personas río abajo. China está construyendo grandes presas aguas arriba para dosificar el preciado líquido y producir electricidad que vende a estos países.

Todo ello deriva de la concepción china del mundo. China se autodenomina El País del Centro y los del alrededor tienen que mostrarle respeto. Los emperadores Ming y Qing recibían a embajadores y regalos de los países circundantes como si fueran vasallos. Hoy, esta actitud subsiste y al financiar las carreteras, trenes, presas, aeropuertos ayudan a desarrollar a sus vecinos pero también a tenerlos sujetos al pago de importantes deudas contraídas y en definitiva, proclives a la voluntad de Pekín. La India no tolera esta política imperial china y se está convirtiendo en su gran rival en Asia.

China es una autocracia desarrollista y la India una democracia atemperada por un sistema de castas y religiones que tienden a desvirtuarla. China tiene 1.400 y la India 1.300 millones de personas; en 1990 disponían de un PNB similar, pero hoy el de China es 2,38 veces mayor y el per capita 4 veces superior al de India. Sin embargo, esta crece ahora más deprisa en parte por su mano de obra más barata pero también por sus dinámicos emprendedores y China se inquieta. Por eso, China quiere mirarles desde arriba de las montañas, controlar entre otras cosas el flujo del agua y los indios no se dejan.

El centro económico de mundo es ya Asia. Europa crecerá si China e India lo hacen, ya que suponen un 40% de la población mundial y, según el FMI, en 2060 alcanzarán el 50% del poder de compra del planeta (de hecho, este año China e India van a crecer mientras que Europa y EEUU, no). Cada una encarna un modelo de sociedad: la dictadura del partido único y la gran democracia, imperfecta pero próxima a Europa. El mundo que ya llama a nuestra puerta no será tanto el de Nueva York sino el de Shanghái y Mumbay. Por esto, el que se enfrenten India y China no es un asunto exótico para los españoles. Nuestro país es una de las economías más abiertas del mundo y por ello más vulnerables. Lo estamos experimentando en nuestras carnes con el COVID-19. No podemos vivir aislados. Lo que suceda en Asia nos afectará de lleno y tenemos que conocerlo bien para competir, vender, e inventar si no Europa será un parque temático y los europeos sus camareros. Frente a colosos continentales, los europeos seguimos divididos en minúsculos países y algunas de sus regiones aspiran a hacerlos aún más pequeños. Deng Xiaoping, el gran líder chino que sacó a 600 millones de chinos de la pobreza e hizo moderna a China hasta convertirla en hoy la segunda potencia del mundo, dicen que le preguntó a Mitterand en 1980 «¿Y ustedes los europeos, que son tan pocos, por qué no se ponen de acuerdo de una vez para unirse en un solo país?».

* Diplomático. Exembajador de España en China

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