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Diestros y siniestros

"En un debate ves a los diestros y a los siniestros, sonrisa en los labios al principio y al final, y desnuditos como sus madres los trajeron al mundo durante el resto del espectáculo"

 

Un momento del debate electoral celebrado la noche del lunes 22 de abril en RTVE. - RAÚL TEJEDOR / EFE

Los debates electorales son encantadores. Entiendo a quien pueda parecerles aburridos, consabidos, y también a quien los ve para reafirmarse en sus propios martirologios, pero a mí me gustan por ver al rey desnudo de vez en cuando, como en el cuento. Por ver me veo hasta los de Francia, que ya es decir. Que allí, entre mucho «vous», mucho «monsieur» y mucha «madame», también se arrean de lo lindo, con más educación, que para eso son franceses, pero sin piedad. Recuerdo uno memorable entre Sarkozy y Ségolène Royal que aquello fue de hospital, UCI y tanatorio para la pobre Ségolène, pero es que ella andaba en baja forma barruntando su separación de Hollande, y Sarko planeando guarreridas galas con Carla Bruni, suficiente para venirse muy arriba, indudablemente. Pero volviendo al ruedo ibérico, un debate es como un toro, que diría Jesulín. En un debate ves a los diestros y a los siniestros, sonrisa en los labios al principio y al final, y desnuditos como sus madres los trajeron al mundo durante el resto del espectáculo. El debate de ayer, el de la tetratestosterona tetrafálica, como diría esa ministra, enfrentó al victorino Rivera, al miura Iglesias, al conde de la corte Casado y a Pedro Sánchez, que no está muy claro si iba de res del acreditado hierro onubense de Los Recitales (que por algo se constituyó dicha bravería en año tan acorde como 1937) o de toreador, aunque es previsible que saliera de esto último porque los tres astados (dos más que el tercero) saldrían a herir en la ingle. Me encantaría haber podido escribir estas líneas a toro pasado, pero uno sale el martes, como La Agonía, y hay que dejar esto escrito en tiempo y forma a media tarde del lunes, así que más que comentar estuve ayer profetizando esto. Imagino que al siniestro, los dos diestros le habrán dado la del pulpo, mientras que el otro siniestro habrá vuelto a pedir varios ministerios para sí, los niños y la parienta, mayormente los de las cloacas, que no es difícil profetizar cuando en esto llueve sobre mojado. En fin, espero que disfrutaran ayer con la corrida, que yo corro ahora mismo a enterarme de cuántas orejas se cortaron, y las de quién.

* Escritor

@ADiazVillasenor

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