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Democracia maloliente

 

Ni Pablo Iglesias puede permanecer un minuto más en el cargo de vicepresidente del gobierno de España, ni el presidente del gobierno de España puede seguir dependiendo de Podemos y toda suerte de separatistas para gobernar. Estos meses de rodaje bastan para comprobar el enorme error que ha supuesto contar con todos ellos. Los separatistas ya han demostrado qué chantaje estaban, están y estarán dispuestos a ejercer, en cuanto al vicepresidente, Pablo Iglesias está inmerso en un caso judicial del que hasta hace pocos días los medios se mostraban remisos a hacerse eco. Seguramente ante la sensación de impunidad que los medios más importantes les hacían creer que tienen, el vicepresidente y su portavoz partidario, Pablo Echenique, han rebasado ya los límites de lo aceptable en una democracia, como es atacar, injuriar e insultar a periodistas y jueces que han asumido la profesionalidad de contar y opinar, y de investigar, respectivamente, el quilombo en el que Iglesias está envuelto. Una democracia occidental no puede permitirse tener a semejante sujeto un minuto más como vicepresidente, alguien que no respeta la independencia judicial cuando le empieza a ser adversa, acostumbrado como presuntamente estaba a supuestas componendas infames o, cuando menos, a presuntas miradas para otro lado de algunos jueces y fiscales para garantizar su intocabilidad. Estos presuntos hechos y actuaciones deben ser investigados sin más demora y dilucidarse lo más rápidamente posible la presunta responsabilidad e implicación del vicepresidente en el llamado caso Dina. Claro que la culpa no es totalmente suya, sino sobre todo de un presidente que come de su mano y de una fiscalía general que ya dejó claro el presidente de quién dependía. Si a este marasmo maloliente sumamos el encarguito al general Pizarro de la Guardia Civil de espiar a quienes critican al Gobierno, de la censura establecida en las redes sociales y del gobernar a decretazos, está claro que algo huele a podrido en la democracia española, y empiezan a ser culpables de omisión quienes no asumen el poder de control que la Constitución les otorga. Del rey abajo, todos.

* Escritor

@ADiazVillasenor

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