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El décimo

 

Raúl Ávila Raúl Ávila
12/12/2019

En esta historia hay un hombre recién casado que decide marcharse de su pueblo para buscarse la vida en el norte. Un hombre con un plan en la cabeza, una palabra repetida en las conversaciones con la familia, ¿a Bilbao?, una localidad de incierto destino en un billete de ida, un nombre en el mapa cuando todo estaba más lejos.

El hombre de esta historia era de los mejores en la escuela, pero tuvo que trabajar desde chaval. Tiene la letra de un maestro esmerándose en la pizarra, una caligrafía de belleza firme en cada trazo, una forma de escribir que otorga a cualquier papel la dignidad mayúscula del trabajo bien hecho. El hombre es un hábil mecanógrafo y se le dan bien las cuentas. En Bilbao encuentra trabajo como administrativo en una empresa de transportes. En Bilbao el hombre va y viene con algunos del pueblo que se fueron antes, echa de menos, almacena en la memoria nombres raros que cada vez pronuncia con más soltura, Rekaldeberri, llama por teléfono, imagina, espera.

En esta historia hay una mujer que llega a Bilbao unos meses después que su marido. Casi novecientos kilómetros después de la despedida de los suyos, la mujer empieza a ver edificios altos y se pone de pie para tener controlado el equipaje y mira disimuladamente caras distintas a las que está acostumbrada a mirar y siente la inminencia de un comienzo en la boca del estómago, ¿queda mucho?, el vértigo de la novedad en la amplitud de las avenidas y en el acento, en la luz y en los letreros de las tiendas.

En esta historia hay una familia vasca que acoge a unos vecinos nuevos, una familia de buen comer y del Athletic hasta la muerte, gente que si te dice sí te lo dice para siempre, buena gente que hace la vida más fácil a los recién llegados, un niño y luego una niña y luego otro niño y otro.

En esta historia hay una vuelta al sur. El hombre que emigró ha conseguido trabajo estable como funcionario. Desde entonces regalos de comunión de los padrinos y todos los diciembres sin falta un décimo de navidad de Bilbao a Córdoba y otro de Córdoba a Bilbao, un décimo compartido a través de los años junto a postales y novedades y recuerdos y besos para todos, un décimo simplemente para decir que seguimos en la brecha y que fue una suerte haber estado juntos, a ver si este año toca.

En esta historia hay gente que empieza a faltar, ley de vida, ¿sabes que se ha muerto Landeta? Luego Elisa, otra llamada de la hija, se le había ido la cabeza, la pobre. Las ausencias de los amigos hacen que el recuerdo del norte se torne más borroso y un poco amargo en la memoria del hombre y la mujer de esta historia, mi padre y mi madre, pero una sonrisa asoma en sus ojos cuando un buen día comprueban que, pese a todo, este año también los espera en el buzón un sobre con matasellos de Bilbao.

* Profesor

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