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Al paso

Coñonas

 

Dijo Unamuno ante la multitud que quería acabar con la Segunda República «venceréis, pero no convenceréis» y nadie ha podido borrar la preciosa frase. Ha muerto Rubalcaba y en una época donde han vuelto a resucitar las estrategias más reprochables para acceder al poder, todas las fuerzas políticas no han dudado en rendir honores a un político excepcional. Y es que una de las cosas más bellas es ganarse el respeto de los adversarios. Lo contrario es cuando se acude a la chabacanería y al resentimiento para atraer la notoriedad aprovechándose de las oportunidades que concede la democracia. No me ha sorprendido el cuadro de la Virgen tocándose el higo y mirando para el cielo porque a mí lo que nace para hacer daño no me sorprende, sino que me repugna. Pero sí me llenó de estupor que la colgaran en la Diputación. Lo más triste de la política es que no conozca el alma y folclore del pueblo que gobierna. Antes de ser buen artista y buena política hay que ser buena persona. Y no puede ser buena persona quien persigue herir sentimientos de tanta gente honrada. ¡Que se enteren de una puñetera vez que la República amaba las romerías! Ese cuadro representa a María, la madre de Cristo, tocándose rodeada de angelitos, o sea, niños; ya puestos, falta poco para que pinten escenas pederastas con el pretexto de la libertad de expresión. No sabemos si esta Virgen está recién parida o mirando como muere su hijo desangrado en la Cruz. El cuadrito no solo es un insulto. También es una burla frívola a los sentimientos maternos ya que, si obviamos la religiosidad y lo trasladamos al terreno de lo carnal, el motivo no atiende a la libertad de expresión sino a la falta de ética porque el primer sentimiento de las mujeres recién paridas no es masturbarse sino abrazar a su bebé. Y ya no les digo del sentimiento de una madre que ve a su hijo desangrarse en una cruz por combatir él solo a los poderes fácticos. Y claro, semejante provocación ha suscitado la ira de cualquiera que se le ha ido la olla y que ha hecho lo que esperaba la pintora y la política de turno que apoyó que la obra tuviera carácter público: la ha rajado. Es decir, los enemigos de la tolerancia buscaban la confrontación y no el convencimiento y lo han conseguido. La libertad de expresión tiene sus límites en la reciprocidad. Y estos extraños artistas y políticos vanguardistas deben saber mucho de reciprocidad si tanto predican la libertad de expresión; así que, en el hueco dejado, mientras arreglan el lienzo y como ejemplo de adoración no a la Virgen sino a la libertad de expresión, la pintora y la delegada de Igualdad de la Diputación deben colgar una foto de ambas en lo alto de las Ruinas Romanas del Consistorio con el coño al aire.

* Abogado

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1 Comentario
01

Por Cordvba-Qurtuba 9:26 - 15.05.2019

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Pues mire usted Marcos, referente a su última observación que hace no sería la primera vez, el mundo del arte está lleno de desnudos. Nadie está obligado a ir a visitarla. Los sentimientos religiosos son una condición personal. Usted lo interpreta como "tocarse", pero otras opiniones que lo interpretan como "taparse". ¿Quién lleva razón?