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Tribuna abierta

Comprender a Sartori

La defensa de una democracia de ciudadanos activos hace actual al fallecido politólogo

 

Comprender a Sartori -

Giovanni Sartori, padre de la ciencia política moderna, florentino de nacimiento, sociólogo, profesor universitario en Yale, Harvard y la Columbia de Nueva York ha fallecido a comienzos de este mes de abril a la edad de 92 años, después de desarrollar una extensa carrera como ensayista crítico de la realidad europea y mundial. Doctor honoris causa por la UNAM, fue Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2005. Colaboraba como articulista en el periódico italiano Il Corriere della Sera, desde donde fustigaba por igual a Berlusconi, Renzi, Grillo o la Iglesia católica romana.

El politólogo italiano, estudioso de la obra de Croce, fue el creador de la primera Facultad de Políticas de Italia en Florencia, donde fue docente, donde se especializó en teoría de la democracia, lo que le permitía diseñar cómo deberían funcionar las instituciones políticas democráticas después de la II Guerra Mundial y de la caída del comunismo soviético. Publicó sus célebres 30 lecciones sobre la Democracia como modelo abierto y en esencia pluralista. Dedicó especial atención a profundizar en la estructura de partidos y en el sistema de confrontación que conforman la vida democrática en las sociedades modernas.

Entre sus obras más conocidas podemos destacar su Teoría de la democracia de 1993, Partidos y sistema de partidos, Homo videns, la sociedad teledirigida de 1997, la Sociedad multiétnica del 2000 y el Sultanato sobre Il cavaliere y la más reciente La carrera hacia ninguna parte de 2015. En todas ellas se nos muestra como un intelectual que no rehúye nunca la polémica desde un estilo irónico y lúcido, corrosivo y a veces apocalíptico, pero que nos ayuda a clarificar conceptos.

Entre sus aportaciones más destacadas debemos señalar que acuñó el término videopolítica para referirse a la sociedad occidental teledirigida por poderosos medios de comunicación de masas, cuya finalidad no explícita sino bien oculta no es otra que hipnotizar a la ciudadanía, domesticándola al convertirla en meros consumistas de noticias y festejos, anulando con ello su capacidad de influencia politica.

En su Homo videns se muestra muy crítico con una televisón pública, como la RAI por ejemplo, perjudicial para la ciudadanía y la política. Su modelo estaría más próximo al de la BBC, que supiera instruir y educar, crear opinión, y ajena al Estado y a las audiencias. Los medios de comunicación en democracia no son quienes deben decir a los ciudadanos qué deben apoyar, porque si así fuese la ciudadanía dejaría de ser activa y se quedaría sin la autonomía necesaria para decidir qué debe estar en la agenda política.

Sartori no pretende ser ni apocalíptico ni integrado en la terminología de Eco, sino que denuncia que de seguir así la esencia misma de la democracia estaría amenzada. Es la democracia liberal la que estaría en juego, frente a los enemigos de las sociedades abiertas y plurales, disfrazados en muchos casos de falsos liberales, por lo que habría que hacer el esfuerzo de preservarla de sus enemigos, que son muchos y de muy variado pelaje.

En el pensamiento crítico de Sartori, si la galaxia Gutemberg es sustituída por la galaxia Marconi, y el homo sapiens deviene en homo videns, la democracia tal como la entendemos hoy quedará gravemente debilitada ante la avasalladora publicidad política como propaganda de los poderosos que llevaría a la degradación de la idea de democracia deliberativa, con una opinión pública que no puede ser nunca manipulada por intereses espúreos de unas élites extractivas, y no inclusivas como debe ser en democracia.

Frente a una televisión cuya función sería subinformarnos, falseando la realidad que sería lo contrario de su objetivo inicial de formar buenos ciudadanos activos, generaría un tipo de ciudadano mitad súbdito adolescente, que acabaría pensando lo que el adoctrinamiento televisivo le propone, anulando así toda su capacidad crítica y participativa.

Sin una educación política de los ciudadanos que comprenda más allá de las imágenes, nos llevaría a una seudodemocracia que votarían como autómatas en lo que llama Sartori unas videoelecciones, que es reflejo del pensamiento débil que amenaza a las democracias.

Alerta Sartori, de la vuelta al universo orwelliano de la doble verdad y la postverdad que creíamos superado, donde las capacidades intelectuales de la ciudadanía quedarían en suspenso. Su contrapuesta, que es el legado que nos ha dejado, es el de una democracia de ciudadanos libres e ilustrados, donde la electrónica, el voto cotidiano debe ejercerse por deber, para conformar así la voluntad de la opinión pública que es la esencia del pluralismo político.

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