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Tribuna abierta

Cerco tecnológico

La nuevas tormentas que se avecinan serán sin duda de gran envergadura

 

Cerco tecnológico -

Las advertencias insistentes de inminentes cambios tecnológicos son acuciantes, y deben ser verdad. Más allá del bombardeo de los mass media en los últimos meses, destaca la confrontación política (tecnológica) de los gerifaltes del mundo (EEUU, Sur Corea, China....), que evidencia que algo grave se cuece en la cocina. El último aviso del MWC de Barcelona (Congreso Mundial del Móvil-2019), de hace unos meses, incidía de forma muy notoria en la acreditación de la nueva revolución tecnológica del G5. Parece el cuento del lobo, porque desde hace años asistimos a una secuencia tropezada de avances en móviles irrefrenable, a los que realmente le perdemos la pista porque son inabarcables. Las nuevas tecnologías (móviles, tablets, internet) nos trasportan diariamente a un mundo inimaginable hace muy pocas décadas. Tenemos la sensación de infinitud en una secuencia progresiva de avances geométricos inconmensurables. Sin embargo, con voces altisonantes de voceros cualificados se nos anuncia que lo que viene es otra cosa. No se trata del habitual márketing de temporada, sino de una transformación cualitativa profunda, considerada por muchos como la Cuarta Revolución Tecnológica (Industrial). Desgraciadamente, apenas si nos sorprende la predicción, porque asimilamos habitualmente sin inmutarnos los progresos desmedidos (G1, G2, G3... fibra...), encontrándose a estas alturas nuestro umbral de incertidumbre muy desgastado. Parece como si nos imagináramos (o pudiéramos hacerlo) las innovaciones que han de venir. Tal vez no nos pillen tan de sorpresa como el descubrimiento de la imprenta, pero realmente se presume un cambio sustancial en la tecnología que repercutirá inevitablemente en todos los parámetros de nuestra vida. Los insistentes cambios de las últimas décadas nos han inmunizado. Casi no imaginamos un mundo sin móviles, a pesar de haber estado toda la vida sin ellos. Tal es nuestra ingenuidad. A estas alturas resulta evidente que en el mundo tecnológico estamos en pañales, porque prácticamente no hemos salido del cascarón. Las nuevas tormentas que se avecinan, de las que ya oímos truenos y vemos los rayos, son sin duda de gran envergadura. Tanto aviso y preparación de infraestructuras, progresión tecnológica, precaución política y económica, y empresarial (Samsung, Apple y Huawei, Xiaomi...) no pueden ser otra cosa que un nuevo horizonte de grandísimas transformaciones.

Los conatos de divulgación de avances son alarmantes, y un tanto alicortos, porque ni ellos mismos conocen la repercusión de cambios tan desmesurados. Como botones de muestra se proyectan ejemplos puntuales y comprensibles: las exponenciales cifras de datos en movimiento (20 gigas por segundo); eliminación de latencia (espera...); ciudades inteligentes e intercomunicación de las cosas (casas, electrodomésticos, ¡...ufff!); autonomía de los vehículos, que sabrán absolutamente todo (carreteras, densidad de tráfico, averías...); avances sanitarios (operaciones a distancia, sin médicos); comunicación real e inmediata con hologramas; recepción virtual completa de lo que se quiera (viajes, congresos, educación, espectáculos...), etc. Seguramente que eso no es más que la punta del iceberg, porque cabe bien en nuestra imaginación. Lo que ha de llegar tiene un trasfondo más hondo y profundo. La interconectividad inmediata y global modificará nuestras vidas. Ese es el auténtico cambio. Ahí se encuentran las bondades y miserias del sistema. Deberíamos saber muy claramente cuáles son y deben ser los parámetros vitales del individuo; cuáles son los marcos sociales adecuados de convivencia y qué mundo queremos: dónde queda nuestra libertad y sus límites; quien será capaz de regular ese mundo (con márgenes claros de seguridad); cómo seremos capaces de controlar (que ya vemos que no) el poder económico y político de los Grandes. Seguro que tendremos que definir nuestro marco existencial (personal y colectivo), establecer y clarificar nuestras expectativas (fuera de esa inmensa globalización). Hoy por hoy vemos con mucha claridad como la manipulación está al orden del día. En nuestra sociedad actual, el individuo apenas sí cuenta con resortes para contrarrestar unos medios tecnológicos que saben todo de nosotros: hacemos lo que nos dicen; pensamos lo que quieren; soñamos con sus mercados; controlan nuestras pasiones, etc. Las grandes decisiones existenciales las toman otros por nosotros.

Hoy, más que nunca, estamos obligados a fortalecer nuestras competencias personales (cognoscitivas, afectivas y psicomotoras) para salir ilesos de un mundo desconocido que se me antoja muy ancho. El binomio tecnología-capitalismo exacerbado es contundente. Hace falta una formación grande, y un elevado sentido crítico, para que el nuevo mundo tecnológico no nos arrastre sin posibilidad alguna de asidero. Evidentemente, tanta mejoría y cambio no es completamente gratis. El peaje que debemos pagar (y no solamente en términos materiales) no es poco. El individuo y su libertad están en juego. Es tanto como nuestra propia vida.

* Doctor por la Universidad de Salamanca

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