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Hoy

Campesinos

 

De nuevo en pie de tierra; de nuevo hartos de marginación, de abandono y de gritar presencia en un desierto de ignorados; de nuevo en caminos y cunetas porque los campos claman la justicia del sudor, de las manos heridas, de las espaldas dobladas hasta la humillación y la indignidad; de nuevo millones de rostros en un solo rostro; de nuevo más sangre con la que se riegan y fecundan los paisajes que talláis a base de entrega y amor, paciencia, sacrificio, esperanza y esperanzas, muchas esperanzas siempre acosadas por la desesperación, aceituna a aceituna, grano a grano, girasol a girasol, y no llueve, no llueve, y corta el frío, y se desploma el calor, se extravía una vida, otra vida, amanecer y amanecer, y otra vida, y otro invierno, otra escarcha, otra niebla, la mañana, la umbría, el viento, el hielo, el estertor, nieve, témpano en los ojos; y otro estío, la era, la solana, la canícula, el aire fuego, el desamor, agua caliente en el botijo, cardo, camino, cigarra, secarral, cárcavas por donde la tormenta, tormenta tras tormenta se va llevando tierras, mantillos y simientes; granizo, riada, vendaval, y el trabajo que no rinde, y la vida que no rinde, y así otra vida acabada en otra silla, silencio de otra vejez mientras otro joven se despide y no regresa. Campesinos de España, andaluces, murcianos, extremeños, vascos, castellanos, cántabros, gallegos, navarros, catalanes, asturianos, manchegos, canarios, baleares, valencianos, alientos de un aliento, piel de barro, conciencias que nos dais el pan, que nos alzáis la alegría en un vaso de vino, en la fruta y en la sed. Vuestro tiempo no se siembra entre mentiras, con promesas y olvidos. Mujeres casi niñas, madres en los surcos, en los viñedos y hontanares, en las hoces, las espuertas y los bieldos; hijas de mujeres que dejaron sus huesos entre espinas y entre lluvias; senderos donde tantas flores se secaron. Nadie os ve cuando le da pan a sus hijos; nadie os escucha cuando alimenta a un enfermo; nadie os devuelve la justicia cuando se tiran los frutos que nos mandáis con vuestra alma. Y quién recuerda vuestras manos, vuestros ojos, vuestra ausencia. Y quién piensa en las llagas, las fiebres, las ampollas. Y quién inventa palabras aventadas, promesas incumplidas, otro día, otro año, otra nada.

* Escritor

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