Tras marcarse unas palabras pretendidamente reivindicativas de la libertad de las mujeres, contra el acoso y la violencia de género, la bella presentadora se despojó de su vestido quedándose semidesnuda con un mono transparente, que días antes había calificado como una prenda «superfeminista». De lo cual se deduce que su apasionada defensa del feminismo, no iba tanto por la libertad de pensamiento, palabra y obra de la mujer, o por el cultivo de su inteligencia, talento y cualidades; sino más bien por la utilización de la desnudez de su cuerpo como reclamo visual y publicitario. Pero en esto coincide con los machistas más recalcitrantes y que ella tanto rechaza. Mientras sucedía esta muestra de «femicinismo», en la otra poderosa cadena privada era saludado el año nuevo con su presentador estrella imitando al Boris Izaguirre de Crónicas Marcianas; esto es: bajándose los pantalones en momentos eufóricos. Feministas que se despelotan para pronunciarse contra el machismo, y gays que se quedan en calzoncillos como gesto de normalización. Campanadas de incoherencia ya conocidas, con las que comenzamos 2018 sin novedad.