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Tribuna abierta

Caer en la red

 

Caer en la red -

Carlos Cabrera Carlos Cabrera
16/02/2019

Nada más propio de los adolescentes que preferir como punto de reunión los lugares más rebuscados. Un clásico ampliamente retratado en novelas (Las aventuras de Huckleberry Finn), películas (Los Goonies), series (Verano azul), o que seguro también guardarán en sus propios recuerdos. El requisito principal es estar a salvo de cualquier posible observador crítico, dando en este sentido una categoría especial a padres o adultos conocidos. Esos a los que, como ya sabemos, les (nos) es imposible dejar de hacer las esperadas advertencias del tipo pórtate bien, no llegues tarde, a tal sitio ni hablar, pero qué es lo qué estáis haciendo aquí en vez de estar en...

Viene esto a cuento de que ha llamado mi atención la noticia de que en los últimos años, y de manera ascendente, Facebook esté perdiendo usuarios a pasos agigantados. Según un estudio de la empresa eMarketer cuyo informe publicó el diario británico The Guardian, los jóvenes, sobre todo los menores de veinticuatro años (Generación Z), abandonan esta red en preferencia de otras redes sociales como Instagram o Snapchat. Los motivos son tan variados y complejos como compleja es nuestra sociedad actual, pero se apunta como causa principal una que por otro lado es tan antigua como la vida misma: el hecho de que los jóvenes eviten coincidir con sus padres y demás adultos de mayor edad para que estos no sean observadores de sus andanzas juveniles. Lo que decía, nada extraño.

La reacción de Mark Zuckerberg hacia una diversificación que remedie el problema hace tiempo que se puso en marcha. Cuando comenzó a tener constancia de esta fuga de usuarios en Facebook se apresuró a hacerse con la propiedad de Instagram y Whatsapp, aunque en ese objetivo aún se le sigue resistiendo Snapchat a pesar de que ya en dos ocasiones les ha hecho a sus propietarios una oferta de tres mil millones de dólares que de momento siguen rechazando, veremos en que acaba. Pero al margen de estas cuestiones de encuentros generacionales lo preocupante es que desconocemos la deriva de nuestro futuro en cuanto a cómo se llegará a conjugar la vida real, en la que las relaciones son directas y personales, con esta novedosa vida virtual en redes sociales donde las relaciones llegan a ser tan superficiales, expuestas y propicias para el anonimato. Un rasgo que a día de hoy nos diferencia a los baby boomers es que somos la última generación que llegamos a adultos sin posibilidad de acceso a móvil ni Internet, que aún podemos recordar cómo se vivía en aquel mundo hoy impensable, pero ¿y las generaciones posteriores? ¿Serán capaces de comprender que la vida real es la verdadera y que de esta nueva y adictiva vida virtual es posible incluso prescindir? Llegar al error de confundir ambos entornos o permitir que se conecten en sus acciones puede tener unas consecuencias imprevisibles.

Con más frecuencia de la deseada va asomando la punta de un amenazante iceberg en informaciones acerca de adolescentes que alcanzan un funesto final en la vida real por no haber podido soportar más el acoso que padecían en el entorno virtual de las redes sociales, o también sobre otros jóvenes incautos que en la vida real han sufrido físicamente el ataque de indeseables depredadores que utilizaban el anonimato facilitado por las redes para conseguir engatusarlos previamente tras el disfraz de un perfil amigable. No se debe perder el norte, las interrelaciones en redes sociales solo deben cimentarse sobre las interrelaciones verdaderamente existentes en la vida real, entenderlas como un complemento de la realidad y no como una realidad paralela u otra realidad.

Es comprensible que los adolescentes no quieran coincidir con sus padres en Facebook, ahí no están inventando nada nuevo, lo que no se comprende es que por otro lado sean tan ingenuos de exponerse ante cientos de desconocidos sin tener consciencia de las posibles consecuencias. Hay una peligrosa diferencia entre usar la red y caer en ella.

* Antropólogo

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