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Campo y ciudad

Barataria

 

Casi siempre que se produce la toma de posesión de un cargo político, sobre todo siendo de alta gama, ya ocurra en la administración central, autonómica o local, acude el recuerdo de lo más sustancial de lo consignado en los magistrales párrafos con los que Cervantes, en la segunda parte de su Don Quijote, despacha tal asunto a propósito del concedido gobierno de la ínsula de Barataria a su escudero Sancho Panza, de rústica astucia e ilusa ingenuidad, cuando, estando ambos camino de Barcelona, éste era invitado a Palacio ducal, junto a su principal, el manchego e hidalgo caballero y señor, don Alonso Quijano, merced a la generosidad del citado titular nobiliario, socarrón aburrido y con ganas de chanzas y general divertimento a costa de esos sus dos itinerantes alojados.

Venga esa ínsula, aducía Sancho, que yo pugnaré por ser tal gobernador, a pesar de bellacos. Si una vez lo probáis, le añadió el duque, comeros habéis las manos tras el gobierno, por ser dulcísima cosa mandar y ser obedecido. Y esta tarde os acomodarán del traje conveniente, que los trajes se han de acomodar con el oficio y dignidad que se profesa.

Después llegan los consejos que el manchego insigne imparte a su adjunto. Tú -le dice- que para mí, sin duda alguna, eres un porro, sin madrugar ni trasnochar y sin hacer diligencia alguna, con solo el aliento que te ha tocado de la andante caballería, sin más ni más te ves gobernador de una ínsula, como quien no dice nada; que los oficios y los grandes cargos no son otra cosa que un golfo profundo de confusiones. Haz gala de tu linaje porque la sangre se hereda y la virtud se aquista. Nunca te guíes por la ley del encaje, que suele tener mucha cabida con los ignorantes que presumen de agudos. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria y ponlas en la verdad del caso. No te ciegue la pasión propia en la causa ajena.

Podría inferirse de lo al respecto aconsejado por el paladín manchego que todos esos, incluso hoy, sin abandonar las burlas, rechazarían el utópico ingenio de Don Quijote.

* Doctor Ingeniero Agrónomo. Licenciado en Derecho

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