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La razón manda

Aquella matanza inolvidable

'Atocha 55', amén de sus excelencias estéticas, goza del don de la oportunidad

 

El escritor Joaquín Pérez Azaústre, a cuya novela 'Atocha 55' alude este artículo. - A.J. GONZÁLEZ

Carmelo Casaño Carmelo Casaño
31/03/2020

Nunca fue fácil; pero, en este tiempo, abrirse paso profesional en la intrincada selva de la creación literaria, tiene usía. Afirmación que acaba de corroborar el cordobés Joaquín Pérez Azaústre con su último relato -Atocha 55- en el que narra, con la misma soltura y perfección vigentes en A sangre fría de Truman Capote, el asesinato del grupo de abogados laboralistas en su despacho de Madrid. Sangriento incidente que tuvo lugar en la protodemocracia -pocos meses después de que naciera el autor del libro-, con la perversa intención última de entenebrecer las libertades que alboreaban, usando «la dialéctica de las pistolas» preconizada por el ideario falangista, copia, a su vez, del fascio mussoliniano.

Con la luctuosa tragedia, que originó un filme de J.A. Bárdem y que, en la actualidad, reaparece en un culebrón de sobremesa, plagado de dislates jurídicos, Pérez Azaústre, cuya prosa muestra en todo momento las raíces poéticas, consolida la altura que ha alcanzado su menester literario, narrándonos aquél horrendo suceso, aquél episodio nacional que nadie debería olvidar y las nuevas generaciones conocer, pues en este país de nuestros anhelos y nuestros duelos, sigue teniendo validez la apreciación del clásico: «Muda el pelo la raposa pero su natural no decae».

Atocha 55, posee, además de nervio dramático, calidad de página, pues el narrador nunca ha caído -lo presagiaba el poemario que ganó el premio Adonais-, en la que Rilke llamó «la maldición de los poetas»; consistente en «usar el idioma para decirnos dónde les duele en vez de transmutarse en la palabra, lo mismo que hicieron los canteros de las catedrales con la torpe indiferencia de la piedra».

Este relato, amén de sus excelencias estéticas, goza del don de la oportunidad. Aunque hayan transcurrido 43 años de la masacre, cada día es más necesario tenerla presente si queremos conocer hasta dónde es capaz de llegar el totalitarismo español y, al mismo tiempo, recuperar el vigoroso afán que nos manumitió de la sombría dictadura llevándonos a la senda luminosa de la dignidad y de las libertades.

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