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La agenda del Gran Hermano

 

Manuel Fernández Manuel Fernández
20/01/2018

Una agenda ideada por un Gran Hermano ausente, parecido al de Orwell en 1984, es lo que parece que vivimos. Hace un mes caminar por el centro de la ciudad era como la antítesis de la soledad y el pensamiento, era una algarabía continua en busca de la compra navideña que se concretaba sobre todo en la gastronomía. Casi un mes pendientes de hacernos con los ingredientes de una cena a la que los comensales suelen llegar cenados corresponde a las señas de identidad de esa agenda ideada por un Gran Hermano que maneja nuestros pensamientos y nos indica lo que tenemos que hacer: durante diciembre hay que estar preocupados solo de comprar. Enero es la soledad, la tranquilidad, las noches sin compradores que arruinan bares y restaurantes, esa transición hasta la Candelaria en Dos Torres y el Carnaval en todos sitios en la que el Gran Hermano nos concede una tregua, que tiene algo de movimiento con las rebajas.

Sin embargo son los políticos de ideología como religión quienes más sujetos están a esa agenda ideada por el Gran Hermano que lo dirige todo. Cuando suena en el almanaque que hay que empezar a trabajar con la vista puesta en las próximas elecciones las siglas se convierten en dogmas de fe a los que deben estar sometidos, sin pensamiento personal alguno, los posibles individuos con carnet para ser elegidos. Y una vez celebrada la convocatoria y hechos los recuentos de votos, a permanecer en ese estado de obediencia al pensamiento establecido hasta dentro de cuatro años, aunque muchas de sus consignas no sirvan para beneficio de la mayoría de la sociedad --como consentirle todo a un grupo, independentistas por ejemplo, para que me voten los presupuestos-- sino solo para el propio partido. La de político, que es una de las ocupaciones sociales más plausibles, a veces se convierte en una continua página de publicidad, sonrisa incluida, en la que se perpetúa la declamación de unos mandamientos, a veces absurdos, mientras el fotógrafo le hace la foto y el periodista le pone el cassette o el micrófono. A veces, poner en marcha la campaña electoral es luchar por el mismo puesto laboral por otros cuatro años más. Como obedecer la agenda ideada por un Gran Hermano ausente y sin alma.

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