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El aborto, una cuestion de democracia

 

El aborto, una cuestion de democracia -

OCTAVIO Salazar
20/01/2014

Una de las claves del mantenimiento del orden patriarcal es la consideración de las mujeres, es decir, de la mitad de la ciudadanía, como menores de edad. Necesitadas siempre de la tutela de un varón que hable por ellas y de unas estructuras jurídico-políticas que, bajo el pretexto de su protección, reduzcan al mínimo su autonomía. Una concepción que es fácil detectar en muchos de los discursos imperantes en esta era posmachista que nos ha tocado vivir. En esa negación de la capacidad de las mujeres para decidir sobre su proyecto vital se alían además fundamentalismos políticos y religiosos, de manera que vuelven a confundirse interesadamente pecado con delito, ética cívica con moral particular y dogmas de fe con razón compleja. Ante este panorama debería resultar más evidente que nunca que no hay mejor garantía de los derechos de todos, y muy especialmente de las mujeres, que desde una concepción laica y republicana de la democracia.

El proyecto de ley de protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada, cuyo título habla por sí solo, es el mejor ejemplo de las dos transiciones que todavía están pendientes en nuestro país. La primera la que aún no nos ha permitido forjar una ética cívica, apoyada en los valores constitucionales y en los derechos fundamentales, y desligada de morales particulares que en una democracia no pueden imponerse a la totalidad. La confesionalidad encubierta del Estado y la complicidad de los dos grandes partidos con la jerarquía eclesiástica sigue siendo un lastre para un ordenamiento que deberían garantizar la pluralidad de cosmovisiones y, por tanto, ser un amplio marco para que cada cual desarrolle libremente su personalidad. En segundo lugar, nuestro país y con él sus instituciones sigue mostrando con frecuencia las fauces del patriarca que continúan dominando el orden cultural y ocupando mayoritariamente el poder. De ahí las permanentes dificultades todavía de las mujeres para ejercer con plenitud la ciudadanía y la fragilidad de unas conquistas por las que es necesario pelear diariamente.

Es curioso como en casi todos los debates a los que he asistido sobre la regulación del aborto ha habido algún varón que ha reclamado un mayor protagonismo en la cuestión. A estos hombres tan preocupados por la reproducción de la especie y por su rol de potenciales padres, habría que convencerlos de que nuestro compromiso debería situarse en la defensa de los derechos de nuestras compañeras. De su libertad ideológica, de su capacidad de autodeterminación, de su libertad sexual y reproductiva, de su derecho a decidir sobre su maternidad. Desde su consideración como sujetos titulares de derechos y no víctimas tutelables, mayores de edad y no menores atadas por sus condiciones biológicas. Algo que además parecía bien claro en nuestro país desde que en 1985 el Tribunal Constitucional distinguió entre la protección del bien jurídico "nasciturus" y la de la mujer cuyos derechos prevalecen en determinados casos. Una persona a la que ni siquiera se le puede exigir una carga mayor de la habitual como la que supondría tener un hijo con unas condiciones de vida indignas.

A todos los ciudadanos demócratas de este país, con independencia de su moral particular, debería como mínimo sorprender la reapertura de un debate que la sociedad española había zanjado y que con la regulación del 2010 había alcanzado unas dosis bien equilibradas de garantía de los derechos y los bienes jurídicos en conflicto. Reabrirlo para poner en duda lo que jurídicamente estaba consolidado y, sobre todo, para cuestionar la autonomía de las mujeres, debería ser motivo para que todos y todas nos rebelásemos contra unos representantes que viven más cerca de los púlpitos que de la calle. Convencidos de que la reforma Gallardón supone un ataque frontal al estatuto de ciudadanía de las mujeres y, por lo tanto, una bofetada eclesiástica al rostro hoy cada vez más maltrecho de nuestra democracia.

* Profesor titular de Derecho

Constitucional de la UCO

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6 Comentarios
06

Por Pepe 17:00 - 20.01.2014

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Muy bien dicho, ni que lo hubiese escrito una mujer.

05

Por mas cuento que Callejas 16:54 - 20.01.2014

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Poner como ejemplos comparativos entre el aborto y el terrorismo demuestra tu adoctrinamiento, todas estas cosas es lo que dice el gobierno cuando no le dejan hacer sus políticas de nacional catolicismo. Porque no hablas de las mujeres que prefieren abortar, cuando todavía no es vida. ¿Puedes decirme tu cuando empieza a ser vida? Puede ser que si te has masturbado alguna vez también hayas cometido algún atentado contras las leyes de tu iglesia. Porque no hablas del derecho a la vida digna, que se están cargando estos gobiernos con la pasividad y la protección de gente como tú.

04

Por Jornal 15:06 - 20.01.2014

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El rollo antiabortista de siempre, nada nuevo, lo proximo la poligamia.

03

Por El rollo abortista de siempre 12:42 - 20.01.2014

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Pues nada animo al autor a que escriba un artículo titulado: el terrorismo, una cuestión de democracia. Porque si nadie puede imponer la moral a nadie ¿por qué debemos impedir que los terroristas acaben con la vida de los demás? Por cierto muy trillado eso de que el debate estaba superado, cuando a alguien no le interesa cambiar algo. Por ejemplo el debate de los judíos, de las vidas no dignas de ser vividas, de los gitanos, ... también estaba superado en la Alemania nazi, partido que por cierto llegó al poder en una elecciones. Y luego el rollo de siempre que no se puede imponer la maternidad. El problema es que la maternidad no se impone (ya que las relaciones sexuales son voluntarias y la utilización o no de métodos anticonceptivos o de esterilización también lo son). Por lo tanto se queda embarazado quien quiere quedarse. Y una vez que una mujer está embarazada ya es madre. La única diferencia es que puede ser madre de un niño vivo o de un niño al que ha pagado por matar. Lo de siempre, ningún abortista puede dar ninguna razón que justifique que se maten niños. Salvo que se supedite la vida de los más débiles a la voluntad de los que tienen el poder. Además me extraña que un profesor de derecho hable de la sentencia del TC del 85 en sus términos. ¿Acaso no sabe que dicha sentencia afecta a una ley de 1983 y no la ley del 85 que no fue llevada al Constitucional? ¿Acaso no sabe que dicha resolución declaró inconstitucional dicha ley no por los supuestos sino por la falta de protección del niño no nacido? ¿acaso no sabe que el Constitucional afirma que hay vida humana desde la gestación, que la vida humana es un continuum, por lo que desde el primer momento hay un ser humano viviendo? Por cierto Luisa, háztelo mirar. Aburres con tus historias de fantasía.

02

Por el aborto = fracaso en contracepción 10:22 - 20.01.2014

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Aparte de lo escrito en el artículo, hay que añadir que cuando se llega al aborto la mayoría de los casos es un fracaso en la contracepción. Y no porque tan solo exista la femeninia (no se desarrolla bastante la masculina, aunque existen los preservativos muy eficaces), que una mujer aplique la contracepción es también responsabilidad del hombre con quien copula. No olvidemos que el aborto es una operación cirurgical. Y que se puede evitar por medios simples (aunque posiblemente caros). Por lo tanto, en una sociedad desarrollada tiene que haber un programa global de información (copular implica cambiar de estado físico), de formación y de educación para que se aplique sin tapujos las diferentes maneras de contracepción. Así se evitaría un enorme porcentaje de casos de riesgo (el aborto no es como ir a la peluquería).

01

Por Luisa 9:57 - 20.01.2014

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Muy bien por el profesor Octavio pero también debe preocuparnos que el Vaticano sigue sin asumir su responsabilidad en los abusos sexuales de la pederastia. Yo creo que hay que ir empezando a llamar a las cosas por su nombre: La ofensiva contra el derecho de las mujeres a controlar su maternidad es, además de una violencia de género, una violencia machista y una violencia de clase, fundamentalmente UNA VIOLENCIA CATÓLICA. Y hay que decirlo bien claro: