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La ermita de San José cierra definitivamente al culto

 

La ermita de San José fue edificada durante el primer tercio del siglo XVI. - JOSÉ ANTONIO AGUILAR

El notable deterioro que desde hace años presenta el exterior de la ermita de San José, en la confluencia de las calles Altillos y San José, junto al Centro Municipal de Servicios Sociales, ha llevado al sacerdote titular del templo, José Félix García, a decretar el cierre al culto de la iglesia.

De este modo, los «serios daños» detectados en el pilar central del presbiterio –y que, en opinión del párroco de Santiago, comprometen la seguridad en el interior del inmueble– han obligado a trasladar hasta la ermita de La Rosa la imagen del santo titular del templo de cara al calendario de cultos que se celebrarán en torno al 19 de marzo.

«Nuestra prioridad es actuar cuanto antes pero, dado que este año el Obispado está centrando sus esfuerzos en las obras de la parroquia de Santiago Apóstol con motivo del Año Jubilar de San Juan de Ávila, será necesario contar con la solidaridad de los ciudadanos para hacer frente al proyecto de rehabilitación», reconoció José Félix García, al tiempo que confirmó que, en una primera actuación de emergencia, se ha procedido ya a retirar los elementos exteriores que amenazaban con desprenderse en el interior del templo.

Un estudio técnico realizado por la arquitecta montillana Mara Portero sitúa en torno a los 80.000 euros la inversión necesaria para asegurar la estabilidad de la nave donde se localiza el presbiterio.

«El principal problema está en el pilar central de la nave izquierda, que presenta unas fisuras, bien por el asentamiento del mismo o por la carga que soporta de la cubierta, que también se encuentra en malas condiciones», explicó la arquitecta, quien también alertó sobre la «mala conservación» del tejado, que ha provocado su pandeo, así como la rotura de uno de los tensores. Unas deficiencias apreciables desde el exterior a las que, según la arquitecta, podrían sumarse otros problemas derivados de las humedades en las vigas de madera de la cubierta o de una posible inestabilidad del terreno. «Son aspectos que solo podrán evaluarse con un estudio más exhaustivo», apuntó Mara Portero que, asimismo, aseguró que «lo ideal sería actuar en las dos naves de la ermita».

La preocupación por la conservación del templo y por la posible pérdida de las obras que en se conservan en su interior –con especial atención a su retablo barroco– fue recogida por el Defensor del Pueblo Andaluz en una queja de oficio incoada el pasado otoño, en la que reclamaba a la Junta de Andalucía y al Ayuntamiento información sobre el régimen de protección del templo y su estado de conservación, así como la relación de intervenciones y proyectos que se hubieran proyectado o ejecutado en los últimos años, o el régimen de uso o aprovechamiento y programa de visitas públicas la inmueble.

Edificada durante el primer tercio del siglo XVI y ampliada posteriormente en 1703, la ermita perteneció a la cofradía del gremio de carpinteros. El interior del edificio está organizado en dos naves de diferente tamaño.