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El Consejo Regulador alerta de la aparición de nidos de oruga peluda en los viñedos

El lepidóptero puede llegar a causar auténticos estragos en las plantaciones de vid si no se controla su población

 

En un primer estadio, las orugas peludas se concentran en telerañas que son visibles con el rocío de la mañana. - JOSÉ ANTONIO AGUILAR

En torno al mes de marzo, las orugas peludas suelen dispersarse por los liños y colonizan las cepas. - JOSÉ ANTONIO AGUILAR

Juan Pablo Bellido Juan Pablo Bellido
14/02/2018

El Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles ha alertado de la aparición de los primeros nidos de oruga peluda, un lepidóptero que ataca a cultivos como las habas o la vid y que, de no atajarse a tiempo, es capaz de causar estragos en las plantaciones.

La voz de alarma la daba a mediados de enero el Aula de Viticultura del máximo órgano de control de los vinos cordobeses a través del boletín que emite semanalmente la Agrupación para el Tratamiento Integrado en Agricultura (Atria), donde detallan que el pasado 20 de diciembre se detectaron los primeros nidos de oruga peluda en viñedos del marco Montilla-Moriles.

Aunque, por el momento, «se observa poca presencia y una distribución irregular», desde el Aula de Viticultura del Consejo Regulador recomiendan vigilar la evolución de las telarañas tanto en el viñedo como en su entorno. «En otoños secos, la presencia de poblaciones de oruga peluda suele ser baja», detalla el boletín de la Atria, en el que se aclara que los ejemplares adultos de este lepidóptero «pasan el verano enterrados y, cuando el suelo se moja lo suficiente con las lluvias de otoño, salen a la superficie».

Las orugas errantes se alimentan de las yemas principales, lo que obliga a la planta a brotar una yema secundaria que ya no presenta racimos, por lo que genera una importante pérdida de cosecha. Por este motivo, el Consejo Regulador anima a los viticultores que detecten en sus viñedos las características telarañas que teje este lepidóptero a tomar cartas en el asunto, dado que es en marzo cuando alcanzan el tamaño suficiente para dispersarse por la viña, atacando las yemas recién brotadas.

Y es que, como insisten desde el Aula de Viticultura, «la presencia de telarañas en terrenos que no se labran es importante y las consecuencias para el viñedo pueden ser serias en el caso de que la brotación de las cepas se adelante y coincida con la diseminación de las orugas».