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CARTA ILUSTRADA

Un agradecimiento a la solidaridad desde el sur

La carta relata el movimiento de apoyo surgido de personas voluntarias que se han ido ofreciendo a ayudar a las familias más necesitadas

 

Un ricón del Distrito Sur de Córdoba. - A.J. GONZÁLEZ

Mariló Damián Muñoz. Vecina del Distrito Sur / Córdoba
24/05/2020

Mis padres a los que les debo todo, me han inculcado muchos valores y, por supuesto  que es de bien nacidos ser agradecidos y, llegado este momento, he de parar y dar las gracias a quienes han acudido a ayudar a las familias más vulnerables durante este estado excepcional de alarma.

La pandemia ha revelado la situación de muchos hogares con escasos recursos que trabajaban en la economía sumergida, en sectores precarios o autónomos y que, al verse sin dinero, se han visto obligados a acudir a Servicios Sociales, muchos, por primera vez en su vida. Las ayudas económicas familiares municipales y la renta mínima de inserción de la Junta no están llegando y, para salvar la situación, el Ayuntamiento ha firmado convenios con oenegés que entregan vales semanales que dan para poco,  o mientras el Banco de Alimentos se  abastece como puede con lo que le dan empresas y la sociedad civil. Pero si no hay cadena de frío, las familias no reciben productos frescos, solo legumbres  pasta, leche y aceite.

Simultáneamente, una legión de personas conscientes de la situación, se han movilizado para solidarizarse con esas familias, ofreciendo su tiempo, su dinero, su cariño y su corazón de un modo altruista.

Todo empezó un domingo: en cuestión de una hora, Piedra a través del supermercado Proxi y su personal, prepararon 40 bolsas de alimentos que sirvieron para atender a familias en un momento de colapso de los Servicios Sociales. Al siguiente fin de semana, Carmen, de Cáritas Sagrario coordinó la preparación de alimentos para más de  300 personas, que se entregaron en parroquia San Ignacio de Loyola con voluntarios de la asociación AID y de la red de apoyo mutuo.

Tras dos semanas, mientras crecía el número de familias que llamaba a nuestra puerta, recibí la llamada de un abogado llamado Fernando Serrano, que en esos momentos había dejado su despacho para cocinar, que se ofreció a hacer un plato de comida caliente diario para familias del Distrito Sur en una carnicería donde le cedían cocina. Los primeros días fueron un poco locura. Emilia, Charo R., Josefina y yo atendíamos a 26 familias (91 adultos/as, 14 menores y 9 bebés) a las que se sumaban las que habíamos ayudado antes  de Charo D. y María Jesús, que no se podían quedar fuera. Así que hicimos turnos con Charo D. y María Jesús, dos mujeres excepcionales, y ampliamos la ayuda. En la carnicería Palacios, conocimos a Alicia y Juan y su  personal, gente con un corazón increíble que han realizado una labor solidaria excepcional.

El 4 de mayo, Fernando, para quien no tengo palabras, nos comunicó que ya no podía continuar porque tenía que volver a su trabajo y la financiación se había agotado a esas alturas. Hay personas que se cruzan en tú camino por alguna razón y ellos/as han sido muestra de ello. Seguiremos en contacto. En nuestro camino, se cruzó también un grupo de bomberos del Ayuntamiento que nos proporcionaron productos para bebés, gracias a las gestiones de Mariló, “la copistera” cariñosamente  y su madre, que abrieron las puertas de su casa como almacén.

No puedo olvidar a esos 33 policías locales, y en especial a uno, que recaudaron dinero con el que entregamos carne, pan, fruta y verdura. Tampoco a la frutería Joaquín, que llenó las bolsas a muy buen precio, y a la frutería Salinas, que donó sacos de naranjas.

Ni a Cristina de la carnicería L `Avenida, que se interesó por lo que hacíamos y no solo rebajó el precio sino que donó un avío de cocido para cada familia. He de extender las gracias a la Asociación Lola Castilla, que se acordó también de hacer un donativo en un momento tal difícil y a la asociación Maria Auxiliadora, a mi vecina y amiga Braulia, a Josefina que con su sonrisa, paz y tranquilidad me dan fuerza cada día, a Sara por su gran corazón y  que con sus donaciones han ayudado en momentos muy críticos. A Ana B. que siempre tiene su coche a disposición, a Las mujeres de Murcia y a Cosiendo sonrisas por las mascarillas. Y a Ignacio, Rafa y Abdul, siempre disponibles desde el Centro Social Rey Heredia para ayudar, personas humanitarias y solidarias.

Y, por supuesto, gracias infinitas a Emilia Murillo y Charo Roldán, porque sin ellas esta labor no sería completa ni posible, dos mujeres luchadoras y solidarias que no dudaron ni un momento en salir a darlo todo. Juntas luchamos contra este sistema ahora mismo tan injusto . Gracias por también formar parte de mi camino. Agradezco también su labor a Protección Civil, por su apoyo en los repartos y ruego que si a alguien me dejo atrás, me disculpe porque han sido tantas las personas que se han ofrecido a ayudar que seguro que alguien se queda atrás. Por último, gracias a todas estas familias que ya son parte de nuestra vida y que están luchando y esperando que todo esto pase, por su valentía y su coraje. Y aunque el cansancio, la desesperación, la frustración o desilusión nos tiente, tengo que recordar que con un pequeño esfuerzo de cada uno/a de nosotros/as hemos construido un gran ejemplo de solidaridad. Gracias.

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