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tensión en la capital francesa

La policía detiene a 163 personas en una jornada de protestas en París

Tres manifestaciones han coincidido hoy en la capital francesas, la del clima, la de los sindicatos por la reforma de las pensiones y la de loa 'chalecos amarillos'

 

Manifestantes huyen del gas lacrimógeno, en la manifestación de los ’chalecos amarillos’ en París. / LUCAS BARIOULET / AFP - AFP / LUCAS BARIOULET

EVA CANTÓN
22/09/2019

Aunque empezó en un ambiente festivo, la marcha del clima convocada este sábado en París por diversas oenegés se vio pronto empañada por los gases lacrimógenos y las cargas policiales contra los manifestantes, entre los que se infiltraron elementos radicales –los llamados black bloc- que protagonizaron duros enfrentamientos con la policía. A media tarde, la prefectura informó de que se habían realizado 163 detenciones.

La jornada estaba considerada de alto riesgo por las fuerzas del orden –que desplegaron en la capital un dispositivo integrado por 7.500 agentes, similar al de un Primero de Mayo- al coincidir la marcha ecologista con otra protesta sindical en contra de la reforma de las pensiones y con el regreso a escena de los ‘chalecos amarillos’. Estos últimos habían hecho un llamamiento para lograr una movilización “histórica” coincidiendo con el sábado número 45 de manifestación.


El movimiento nacido en noviembre del año pasado contra la subida del impuesto a los carburantes ha ido mutando tanto en sus reivindicaciones como en sus modos de actuación. Aunque se mantiene vivo, su capacidad de convocatoria es cada vez menor.

 Los que siguen en la brecha son aquellos a los que no les han convencido ni las medidas de Emmanuel Macron  (bajadas de impuestos y mejora de las pensiones) ni el gran debate nacional con el que el presidente francés intentó apagar el malestar de las clases medias escuchando durante tres meses las preocupaciones de los ciudadanos.

 Entre los chalecos amarillos hay también radicales que pueden llegar a sumarse a la estrategia insurgente de los black bloc. Esa convergencia era la que temían ver materializada este sábado en París las autoridades francesas, que han cifrado en unos 1.000 los encapuchados antisistema presentes en el cortejo parisino.

Pero entre los manifestantes pacíficos, muchos están convencidos de que la presencia de los black blocs beneficia al Gobierno, porque con las escenas de violencia que circulan en bucle por las televisiones de información continua se deslegitima el movimiento de los chalecos amarillos.

 La actuación policial también ha sido criticada por Greenpeace y Youth for Climate, que pidieron a los manifestantes abandonar la marcha porque la violencia amenazaba su seguridad.

  “No asuma ningún riesgo y abandone la #MarchePourLeClimat#Paris. No se dan las condiciones de una marcha no violenta. Denunciamos el lanzamiento de lacrimógenos sobre manifestantes no violentos y sus familias”, escribió Greenpeace en su cuenta de Twitter. Según un recuento independiente elaborado para medios franceses, desfilaron en defensa del planeta 15.000 personas.

 Brieuc, un treintañero parisino, era uno de ellos. Con la cara enrojecida por efecto de los gases decía que estaba cansado de dejar la manifestación cada vez que la policía cargaba y volver a ella cuando regresaba la calma. “No había visto nada igual en 15 años”, se alarmaba Corinne, una activista que contaba haberse cobijado en un restaurante para escapar de los lacrimógenos.  “Han roto la manifestación en trozos”, explicaba.

 Los organizadores de la marcha del clima se habían mostrado abiertos a desfilar junto a los chalecos amarillos, aunque muchos de ellos optaron por no ponerse la prenda reflectante que les caracteriza. “No nos lo vamos a poner para que nos disparen como a conejos”, decía en el Boulevard de Port Royal un jubilado venido de Bretaña.

 Los controles desde primera hora de la mañana eran exhaustivos, especialmente en la estación de Saint Lazare, punto habitual de confluencia de los chalecos. “Me han cacheado cinco veces. ¿Tú crees que eso es normal?”, bramaba Josianne, de 62 años. También era difícil acceder a los Campos Elíseos, donde las manifestaciones están prohibidas, y el despliegue de antidisturbios era descrito por algunos ‘chalecos’ como si se tratara de “un estado de guerra”.

 La Jornada del Patrimonio que se celebra este fin de semana se ha visto alterada por las movilizaciones de este sábado porque 30 estaciones de metro estaban cerradas por motivos de seguridad y lugares emblemáticos como el Arco del Triunfo no abrirían al público.