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El 'no' en Colombia obligará a sentarse a la misma mesa al uribismo y a las FARC

El nuevo panorama político implica un diálogo a tres bandas que deberá incluir a los dos archienemigos. Uribe desencadenó una feroz ofensiva militar contra la guerrilla durante su mandato y siempre los ha considerado "terroristas"

 

Colombianos celebran con una bandera los resultados del referéndum, en Bogotá. - AFP / DIANA SANCHEZ

MAURICIO BERNAL
03/10/2016

El nuevo e incierto panorama político que la victoria del ‘no’en el plebiscito sobre el acuerdo de paz ha abierto en Colombiatiene dos protagonistas que hace menos de una década se consideraban mutuamente archienemigos: Álvaro Uribe y las FARC. Durante su mandato como presidente, entre el 2002 y el 2010, Uribe apostó todo su capital político al aplastamiento por la vía militar de la guerrilla -“esos bandidos”, les decía-, y con la ayuda de EEUU logró apuntarse importantes victorias y acorralar a los rebeldes en las selvas del sur del país. Jamás los ha considerado otra cosa que “terroristas”. Ahora, la salida del atolladero colombiano pasa porque el expresidente se entienda con ellos. 

“El triunfo del ‘no’ desbarajustó las cuentas que tenía todo el mundo”, explica Hugo García, editor político del diario 'El Espectador'. “Ni el Gobierno ni las FARC habían tenido en cuenta al uribismo, y ahora parece que todo apunta a una mesa de tres: Gobierno, FARC yCentro Democrático. ¿Se van a poner de acuerdo? Eso es un tiro al aire porque con esos protagonistas es muy difícil adelantar nada”. El Centro Democrático, nicho político del uribismo -‘furibismo’, dicen sus detractores: furiosos uribistas-, fue el gran ausente de la reunión que este lunes presidió Juan Manuel Santos con los representantes de todas las fuerzas políticas, pero el propio Uribe ya designó a tres delegados para que participen en las citas por venir. El diálogo se pone en marcha. Lentamente, de nuevo. 

LA MUERTE DEL PADRE

“La victoria conseguida por el líder del Centro Democrático es un premio a su tesón y capacidad de trabajo –reza el editorial del diario 'El Tiempo' de este lunes–. No obstante, ahora el exmandatario debe abrirle paso a entenderse con sus contradictores”. Es probablemente el gran interrogante: ¿podrá Uribe entenderse con sus contradictores? Si los antecedentes próximos hablan de una enemistad difícil de conciliar con el diálogo, los más lejanos no invitan al optimismo: el padre de Uribe, el ganadero Alberto Uribe Sierra, fue asesinado en junio de 1983 y su hijo ha dicho siempre que los autores eran de las FARC. La guerrilla lo niega: “Nosotros no matamos al papá de Uribe, eso es falso. Nosotros no teníamos guerrilla por ahí”, dijo hace unos meses Pablo Catatumbo.

“La idea que uno tiene a priori es que resulta muy difícil sentar a una misma mesa a Uribe con las FARC –explica Germán Espinel, jefe de la mesa editorial de Noticias Caracol–. Pero no debemos olvidar que durante el Gobierno de Uribe hubo intentos de acercamiento para dialogar con la guerrilla, y que el mismo Uribe lo intentó. No prosperó, pero eso es otra cosa. Así que no es una idea descabellada”. Espinel considera, además, que “lo que ha quedado bastante claro después de la votación del acuerdo es que el uribismo tiene que estar sentado en esa mesa de negociación”.

UN MURO INFRANQUEABLE

Los analistas coinciden en que son tiempos de incertidumbre los que desencadena el resultado del plebiscito, pero que es una “oportunidad” para que se produzca un diálogo entre esas dos mitades de país que llevan tanto tiempo dándose la espalda. ¿Aceptarán las FARC las condiciones que quiere negociar el Centro Democrático? En el discurso que pronunció el domingo por la noche, Uribe habló de introducir “correctivos” en el acuerdo que pasan por que haya “respeto y no sustitución de la Constitución”, “justicia, no derogación de las instituciones” y “pluralismo político”, amén de que no se “premie el delito” ni se “ponga en riesgo la empresa honorable”. Las exigencias de Uribe de que los cabecillas de las FARC sean juzgados por crímenes de lesa humanidad, también por narcotráfico, que deban pasar por la cárcel y no puedan participar en política se antojan un muro infranqueable. Tendrán que negociar. 

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