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EL PROCESO CON LAS FARC

Colombia vota 'no'

El rechazo a los acuerdos de paz entre las FARC y el Gobierno se impone con el 50,2% de votos frente al 49,7% -- Santos asegura que el alto el fuego "sigue y seguirá vigente"

 

Colombia vota 'no' -

MAURICIO BERNAL
03/10/2016

Ha ocurrido lo impensable: el pueblo colombiano ha dado la espalda a la paz. Con más del 99% del voto escrutado, el rechazo al acuerdo que el Gobierno y las FARC alcanzaron hace un mes en La Habana cosechaba el 50,22% de los votos, mientras que el 'sí' se quedaba en el 49,77%. Una diferencia estrecha, de menos de 60.000 votos sobre casi 13 millones emitidos, que habla de un país literalmente partido por la mitad. El escenario que se abre es de incertidumbre total. "No hay plan B", repitió machaconamente el Gobierno durante la campaña. "Limbo" era la palabra sobre la que volvían los estupefactos comentaristas políticos en las transmisiones de los canales de televisión. Ninguna encuesta lo había previsto: se daba por sentada la victoria del 'sí' con por lo menos el 55% de los votos.

El presidente Juan Manuel Santos compareció por televisión dos horas despúes de que se conocieran los resultados. Con gesto grave y rodeado por sus ministros y asesores dijo que esta "decisión democrática" no va a afectar a "la estabilidad de la nación", y que "el cese al fuego y de hostilidades bilateral y definitivo sigue vigente y seguirá vigente". "No me rendiré -añadió-. Seguiré buscando la paz hasta el último día de mi mandato porque es el camino para dejar un mejor país a nuestros hijos". El mandatario anunció que este lunes convocará "a todas las fuerzas políticas, en especial a las que se manifestaron por el 'no', para escucharlas y decidir el camino a seguir".

DECLARACIONES PRUDENTES

Los negociadores de las FARC siguieron el desarrollo de la jornada desde La Habana, adonde este lunes viajará el Comisionado de Paz del Gobierno y uno de los responsables del acuerdo, Sergio Jaramillo, "para mantener informada a la guerrilla", según explicó Santos. Entrevistado por la cadena 'Caracol', Rodrigo Londoño, 'Timochenko', jefe máximo de la guerrilla, dijo: "Las FARC mantienen su voluntad de paz y reiteran su disposición de usar solo la palabra como arma de construcción de futuro. Al pueblo colombiano que sueña con la paz, que cuente con nosotros". La prudencia fue la tónica en las declaraciones de los implicados. El momento es delicado.

"Las FARC mantienen su voluntad de paz", reaccionó el máximo líder de la guerrilla


Los analistas coinciden en que sea cual sea el nuevo escenario, hay un interlocutor nuevo: el Centro Democrático. El partido de derecha liderado por el expresidente Álvaro Uribe fue el triunfador de la jornada, si es que en esta jornada se puede hablar de triunfadores: la única formación de todo el espectro político que hizo campaña por el 'no'. A caballo del carisma de su líder y de la lealtad casi religiosa de sus fervorosos seguidores, el Centro logró dar la vuelta a las encuestas y ahora se ubica en el corazón de la crisis. "Vamos a trabajar con el Gobierno para reconducir este acuerdo", declaró el exvicepresidente Francisco Santos, fiel escudero de Uribe. "Es el momento de unir a Colombia para que la paz llegue a buen puerto, pero con justicia, perdón y reconciliación". Uribe vuelve a estar donde le gusta: de protagonista.

EL POR QUÉ DEL 'NO'

Colombia ha vuelto a mostrar al mundo el rostro de un país indescifrable. Más allá de las fronteras marítimas o plagadas de selva o surcadas por cordilleras o indomables ríos de este país tropical en casi todos los sentidos, este Macondo de 47 millones de habitantes, se instala una incredulidad de alcance planetario ante la evidencia de que los colombianos han desaprovechado una gran oportunidad. Una oportunidad única, quizá. ¿Por qué, ante semejante ocasión histórica, se produjo la más alta abtención en 22 años de citas con las urnas, casi el 63% del censo electoral? En busca de explicaciones, algunos empiezan a hablar de la falta de popularidad de Santos, pero es posible que este 'no' hunda sus raíces en un caldo mucho más complejo. ¿Cómo ha llegado hasta aquí Colombia?

"Hay mucha gente prevenida ante las buenas intenciones de las FARC", dice Piedad Bonnett
“En primer lugar –dice la escritora Piedad Bonnett–, creo que la crueldad desmedida y la violencia aterradora de las FARC durante tantos años dejó a mucha gente prevenida ante sus buenas intenciones”. En efecto, el conflicto interno colombiano degeneró en una violencia inaudita con la expansión de los gupos paramilitares a mediados de los 90; entonces, la guerra tocó fondo en términos de crueldad. Un día estalló en un pueblo un burro cargado con dinamita (un “burro bomba”, tituló la prensa) y mató a 11 policías, y la gente, incrédula, se preguntó hacia qué derroteros estrambóticos estaba condenado a encaminarse el conflicto. “Ahí los dejamos para que se los coman”, recuerda una vecina que dijo un guerrillero, señalando los cadáveres.

EL ERROR DEL GOBIERNO

Hay que sumar a eso que durante ocho años –los de la presidencia de Álvaro Uribe, el hombre que llevó la guerra contra las FARC a su apogeo militar–, la demonización de la guerrilla llegó a su clímax, y muchos colombianos siguen apegados a ese discurso. “Si a usted le repiten cada día durante ocho años que las FARC son lo peor que hay, el enemigo de Colombia, unos come niños, después cambiar la mentalidad de la gente es muy difícil”, resume Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación. Ávila dice que "el 'no' tuvo tres años de campaña, y el 'sí', dos o tres meses, pues el Gobierno solo empezó a hacer "pedagogía por la paz" en la recta final de las negociaciones. "Y eso fue un error de Santos que permitió al 'no' ganar mucho terreno".


Uribe, hoy senador, abanderó la campaña del ‘no’ con un discurso que básicamente agitó el miedo de la gente a que la guerrilla llegue al poder y se instale en el país una especie de régimen ‘castrochavista’ a la venezolana. “La campaña de desinformación ha sido enorme, y Uribe, que busca réditos personales, ha hecho un gigantesco daño en este sentido”, dice Bonnett. La guerra sucia conquistó niveles de delirio. Las vallas que aparecieron en algunos lugares del país con una foto del líder de las FARC y la leyenda: “¿Quieres ver a Timochenko presidente? Vota sí al plebiscito” son su máxima expresión.

SOCIALMENTE TRANSVERSALES

El ‘sí’ y el ‘no’ son socialmente transversales: había partidarios y detractores del acuerdo en todas las clases sociales y en todas las regiones del país. Sin embargo, las encuestas señalaban una tendencia hacia el ‘no’ en las ciudades; el ‘sí’ sería más rural. “Claro, porque aquí los grandes enfrentamientos han tenido lugar en la Colombia profunda –dice la periodista María Jimena Duzán–. Esta guerra se ha librado fuera de las murallas urbanas, por allá, lejos, en el campo, y era una cosa que la gente de la ciudad veía por televisión”. La consecuencia, dice Ávila, es que “la sociedad urbana de Colombia siente que la necesidad de la paz no es tan apremiante”.

El ‘no’ de las clases altas expresa un rechazo a cualquier cambio en el 'statu quo', dice Duzán. El ‘no’ de las clases bajas es un ‘no’ desinformado y manipulado, dice Ávila. Y el ‘no’ de las clases medias es un ‘no’ “atrapado en los lugares comunes de siempre”, dice Bonnett. “La línea del ‘no’ es la del conservadurismo, que es una línea que atraviesa todos los estratos –dice la escritora–. El catolicismo ha hecho mucho daño en relación con eso. Y encima aquí hay una gran tradición de desconfianza hacia el Estado”. Parecìa que el país había vivido insólitos días de polarización, pero es quizá ahora cuando empiezan de verdad.

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2 Comentarios
02

Por DEMOCRATA 10:34 - 03.10.2016

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Eso pasa por dar la palabra al pueblo en cuestiones que son únicamente decisión del Gobierno. La democracia no asamblearismo. Hay muchos colombianos que han sufrido a las FARC y votan condicionados. Igual le pasó a los ingleses con el BREXIT y les estalla al gobierno en sus propias narices.

01

Por las apariencias engañan 9:51 - 03.10.2016

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Desde la distancia, el resultado del referendum puede parecer lo que el título del artículo insinúa. Pero, la mayoría de los colombianos dictan que NO quieren el tratado dirmado entre el presidente Santos y los guerrilleros de la FARC. Lo consideran demasiado favorable hacia quienes durante más de medio siglo de tragedias, de crímenes, de violaciones, de robos... arrebataron la paz a tantísima gente (con 250 000 muertes, miles de desplazados, de desaparecidos... para que de un plumazo se "olvide" ese drama permanente. La gente tiene la impresión que el presidente Santos buscaba satisfacer a los "enemigos" de la población y que le dieran el premio Nóbel, que curar las profundas heridas provocadas por esa cruel guerrilla. Por tanto, hay que rectificar y modificar el tratado (de unas 300 páginas) y que los guerrilleros se les pongan en su sitio (e incluso se les dé la pena que merecen) y NO que se les haga honores y gocen de beneficios que mismo gente modesta que lo merecen no reciben (aún teniendo derecho).