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la guerra en siria

Asad lanza una ofensiva contra los últimos feudos rebeldes

Los combates han obligado a huir de sus hogares a más de 70.000 personas. Apoyado por aviones rusos, el Ejército de Damasco asedia Idleb y Guta

 

Una mujer llora mientras sostiene el cuerpo de su hijo de dos años en Duma, en el área de Guta, el martes. - REUTERS / BASSAM KHABIEH

ADRIÀ ROCHA CUTILLER
11/01/2018

Con la guerra casi ganada y cerca de terminarse, el régimen del presidente sirio, Bashar el Asad, ha empezado la gran ofensiva para capturar las dos últimas áreas todavía controladas por la oposición rebelde: la provincia de Idleb y la zona de Guta. Damasco –apoyada por la aviación rusa, las milicias chiís iraquís y Hizbulá– ha conseguido entrar en el sur de la región de Idleb, donde en la actualidad viven algo más de un millón de personas, muchas de las cuales llegaron después de escapar del sitio a Alepo.

Ahora tienen que volver a huir. Según la oficina en Siria de las Naciones Unidas y durante las últimas semanas, unas 70.000 personas han huido de Idleb, controlada en parte por los yihadistas del grupo Hayat Tahrir al Sham –sucesora de Jabhat al Nusra, vinculada a Al Qaeda–. Los nuevos refugiados van hacia el norte, a Jarabulus, lejos de Al Asad, en zonas de Siria controladas militarmente y administradas por Turquía.

La ofensiva a Idleb, de hecho, ha molestado profundamente a Ankara, que en los últimos meses se había mostrado más o menos dispuesta a negociar con el régimen sirio.

«Damasco está atacando a la oposición moderada con la excusa de luchar contra Nusra. Esta actitud frustra el proceso para llegar a una solución política al conflicto –dijo ayer el ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlüt Çavusoglu–. Pedimos a Rusia e Irán que asuman responsabilidades en Siria. Los grupos que se reunirán en Sochi no deberían hacer esto», expresó, en referencia a las negociaciones entre los aliados de Damasco, el régimen y la oposición, que tendrán lugar a finales de enero en la ciudad del sur de Rusia.

PUGNA POR SER EL PRIMERO / El pasado octubre, Turquía y Rusia –la mayor aliada de Asad–, pactaron hacer de Idleb una región de «reducción del conflicto» que tendría que ser controlada en tierra por tropas turcas y en el aire por la aviación rusa. Entonces, Damasco protestó: dijo que el Ejército de Turquía, aunque contase con la aprobación rusa, no era bienvenido en Siria. Después de tres meses del inicio de la operación, Ankara no ha conseguido tomar el control de la provincia. Damasco, por lo tanto, espera hacerlo antes que su rival.

Las últimas fases de la guerra de Siria se han convertido en una carrera. Ya pasó en la lucha contra el Estado Islámico (EI), en la que las fuerzas kurdas –apoyadas por Estados Unidos– y Damasco se apresuraron militarmente por el valle del Éufrates para ver quién capturaba primero la última ciudad en manos del EI, Deir Ezzor. Ganó Asad.

Ahora la carrera es contra Turquía y los perjudicados son siempre los mismos: la población civil. Según el Observatorio Sirio por los Derechos Humanos, la situación en Idleb es desesperada y ha obligado a muchos desplazados a tener que vivir en invernaderos en el campo, en tiendas de plástico que, por supuesto, no están condicionadas para aguantar las temperaturas del invierno.

ASEDIO DRAMÁTICO / El régimen también ha aumentado la presión sobre Guta, un suburbio de Damasco donde, desde hace años, las tropas de Al Asad mantienen un largo asedio que condena al hambre a las 400.000 personas que aún viven allí. Los rebeldes que resisten en Guta denuncian que, además de no entrar casi comida, los bombardeos se han multiplicado, causando la muerte a unas 130 personas. Entre ellas se encuentra Karim, un bebé que perdió a su madre y un ojo en un bombardeo contra un mercado de Guta y que se convirtió en viral en internet.