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crisis sanitaria

América Latina se convierte en el foco principal del coronavirus

Las debilidades económicas, la precariedad social y sanitaria han desplazado el epicentro de la pandemia. Brasil supera el medio medio millón de infectados y el ritmo de propagación del virus se acelera

 

Trabajadores entierran a víctimas de covid-10 en el cementerio de Vila Formosa de Sao Paulo, el más grande de América Latina. - PAULO WHITAKER (EFE)

Abel Gilbert
01/06/2020

Las debilidades económicas, la precariedad social y de los sistemas de salud terminaron por desplazar el epicentro de la pandemia de Europa a América Latina. La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de certificar una realidad que se venía insinuando desde hacía semanas. Todo es tan veloz que a estas alturas Brasil se ha convertido en el segundo país del mundo con mayor cantidad de infecciones (más de 500.000), apenas superado por Estados Unidos (1.721.926). La región se acerca al millón de casos positivos. Pero es la situación brasileña la que preocupa especialmente por el ritmo de propagación del covid-19, a tal punto de que ha superado a EEUU en el número diario de enfermedades.

Brasil ronda a las 30.000 muertes. A este paso letal, y frente a la negligencia del Gobierno de ultraderecha, pronto tendrá mayor cantidad de decesos que el Reino Unido e Italia. Perú es el décimo primer país del planeta con mayor cifra de infectados (156.000) y unos 4.400 fallecimientos. Chile se ubica en el puesto 13 (unos 95.000 casos) por encima de China, y México en el décimo quinto lugar (87.000 infecciones). Los aproximadamente 39.000 contagios sitúan a Ecuador en la posición 24 de esa tabla siniestra. Sin embargo, sus más de 3.300 decesos en un territorio con 17 millones de habitantes lo colocan entre los 11 país con más óbitos. Paraguay tiene hasta el momento 11 muertos. Venezuela 14 y Uruguay, 22.

Política errática

La región enfrentó la pandemia de manera heterogénea. La cuarentena no se ha cumplido con la misma velocidad y rigor. Otra vez Brasil puso en escena los mayores costos de una política errática. El presidente Jair Bolsonaro nunca estuvo de acuerdo con el autoaislamiento y los costos económicos de la parálisis. Por eso, desde sus inicios ha librado una guerra contra las regiones y ciudades, al punto de torcer parcialmente el brazo de las más importantes, Sao Paulo y Río de Janeiro. Contra las alertas de la comunidad médica, han comenzado a diseñar una desescalada. Bolsonaro también se ha empecinado en utilizar la cloroquina para tratar a los enfermos, pese a que la OMS descartara su eficacia. La pandemia ha provocado curiosas simetrías en la región. El mexicano Andrés Manuel López Obrador se encuentra políticamente en las antípodas de su colega brasileño. Sin embargo, comparte con el capitán retirado la ansiedad por retomar la "vida pública" a toda costa.

Argentina, con unos 45 millones de habitantes, se acerca a las 16.500 infecciones. Los decesos pasaron los 520. La ciudad de Buenos Aires y su periferia enfrentan por estas horas las circunstancias con más riesgo, en especial las millones de personas que viven en sus barriadas populares, allí donde impera el hacinamiento y, en numerosas ocasiones, las dificultades para acceder al agua. Como ha ocurrido en Brasil y España, las presiones en favor de un retorno acelerado al "día antes" de la cuarentena son encabezadas por sectores de la derecha. "Después de 70 días de confinamiento, una parte de la sociedad argentina empezó a cuestionar  rigidez y extensión", señaló Laura Di Marco, comentarista del diario 'La Nación', para quien el presidente Alberto Fernández se ha "enamorado" de una solución transitoria que puede ser peor que el mismo covid-19. A su criterio, Fernández ha enfrentado la pandemia "solo en base al punto de vista de los epidemiólogos. Un grupo de expertos muy prestigioso, pero al que nadie votó". Un escritor con pasado marxista y repetidos arrepentimientos, Juan José Sebreli, llamó a los argentinos rebelarse contra el autoaislamiento porque, dijo, conduce al autoritarismo. 

Las consecuencias del covid-19 en la región serán brutales. El virus también puso en escena realidades que se creían desterradas. El ministro de Salud chileno, Jaime Mañalich, creía habitar en el mejor de los mundos posibles. Las protestas en la periferia de Santiago por la falta de asistencia alimentaria le mostraron una imagen que lo dejó perplejo. "Hay un nivel de pobreza y hacinamiento, perdón que lo diga con esta (sinceridad)… del cual yo no tenía conciencia de la magnitud que tenía, esa es la verdad".

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