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PRIMERA DIVISIÓN / LA CRISIS DEL REAL MADRID

Zidane lidera la penitencia blanca tras el empate de Vigo

El club blanco se debate en la búsqueda de soluciones tras el desplome en la Liga

 

Zinedine Zidane, durante el entrenamiento de ayer. - AFP / PIERRE-PHILIPPE

ANTONIO MERINO
10/01/2018

Se cerró el año con el duro golpe de la derrota en el clásico y se ha iniciado el 2018 bajo mínimos con el empate en Vigo y el adiós a la Liga, nada menos que en el mes de enero. Eso ha provocado que las alarmas se hayan ha encendido en el club, donde los nervios afloran ante lo que puede ser un año de penitencia después de lograr cinco títulos en el 2017. El desplome ha llevado a los dirigentes a debatir sobre las inmediatas soluciones encaminadas a dar un giro total a las prestaciones de un equipo que aún tiene que lidiar el toro de la Champions, con el PSG.

El gabinete de crisis comenzó en los vestuarios de Balaídos, hasta donde llegó Florentino Pérez para intentar dar ánimos a un equipo roto que acaba de entregar la Liga de la manera más triste. Cinco empates y tres derrotas en 17 partidos han sembrado de dudas el camino de un equipo dispuesto a defender el título tras haber mostrado un gran poderío en las Supercopas europea y española.

También Zidane encontró consuelo en el presidente blanco, que pidió explicaciones por el tremendo bajón en la segunda mitad en Vigo. Entre lo que confesó el técnico francés y los indicios que tiene el club, el diagnóstico va desde la falta de hambre después de tanto título conseguido, la desunión entre los jugadores, cuya unidad pende de un hilo para caer en el reproche continuo, y un bajón físico que pocos se explican en el club.

De todo eso se habló ayer en una larga charla entre los jugadores y técnico para intentar reconducir la caótica situación que vive el equipo, abocado a defender el cuarto puesto en Liga que amenazan el Sevilla y el Villarreal, el equipo que visita el sábado el Bernabéu.

SIN RENDICIÓN / El cónclave en el vestuario hizo que el entrenamiento se retrasara una hora. Tras la sesión apareció un Zidane desbocado, vehemente y firmemente decidido a dar un golpe en la mesa para salvar a sus jugadores, defender sus ideas hasta el final y asegurar que no le echó un pulso a Florentino por el tema del fichaje en enero de Kepa, portero del Athletic.

«La charla con los jugadores ha sido un poco más larga de lo normal. Era necesaria porque estamos para buscar soluciones. Las cosas no están como queremos, pero no todo es mierda. Vamos a trabajar más que nunca», afirmó Zidane. El técnico francés subió el tono para abandonar su eterna sonrisa, poner énfasis a la hora de defender a sus jugadores y dejar claro que no se va a aferrar al cargo de ningún modo.

La espinita que encendió al técnico volvió a ser la pregunta sobre, no ya si quiere a un portero, sino a un delantero. «Creo en mi plantilla y la voy a defender hasta la muerte. Si hay cosas que van mal, no voy a echar mierda a uno o a dos. Todos somos culpables, yo el primero. No voy a cambiar y tampoco me va a cambiar la crítica. Todo lo que sale ahora es negativo. Me molesta que digáis que voy a echarle un pulso al presidente. Yo voy a pasar aquí y nunca voy a echar un pulso a la afición ni al presidente, que es el que me ha puesto aquí. Yo voy hasta el final, hasta que me cambien. No voy a tirar la toalla», afirmó un airado Zidane.

El técnico cumplió ayer dos años desde que dirigió su primer partido con el Madrid con aquel 5-0 al Deportivo.

El técnico reconoció ayer que es el primer culpable de la crisis y que entre todos tienen que levantar el vuelo durante las próximas semanas.