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NATURALEZA / SUBBÉTICA PRIEGO

El poleo y las higueras

(23) pRIEGO. En la ladera oriental de la Sierra de los Judíos se asientan dos aldeas en las que se respira paz y tranquilidad, pobladas por apenas treinta personas y que destacan por las excelentes vistas que ofrecen

 

Una de las calles de la aldea de las higueras. - AUMENTE RUBIO

JOSÉ AUMENTE RUBIO
19/01/2018

en la ladera oriental de la Sierra de Los Judíos, dando al valle del río Caicena, se encuentran dos pequeñas aldeas de Priego que destacan por sus excelentes vistas a las lomas plenas de olivos que se adentran en la provincia de Jaén: El Poleo y Las Higueras. Ambas se sitúan al lado de la carretera A-3225, que conecta las localidades de Almedinilla y Fuente Tójar, pero si queremos llegar desde Priego de Córdoba lo podemos hacer por la carretera CO-8208, pasando previamente por la aldea de La Concepción.

En esta última carretera, que bordea por el sur la Sierra de los Judíos, encontramos una pequeña capillita, la Cruz de Ricardo, una de las muchas construcciones religiosas de carácter popular que se reparten por el territorio prieguense. Son estas cruces de los campos y las aldeas, a falta de iglesia o ermita mayor, los lugares donde la gente que vivía alrededor llevaba a cabo sus prácticas religiosas. La Cruz de Ricardo se sitúa al lado izquierdo de la carretera viniendo desde la aldea de La Concepción, una vez pasado el kilómetro 4, frente a una nave y al lado de un antiguo cartel del IFAPA. Esta pequeña capilla, hecha de mampostería enfoscada y cerrada al exterior por una sencilla puerta de madera, se sitúa sobre unas rocas y bajo una encina. Su fecha de construcción se sitúa alrededor de 1910.

Poco después de atravesar la vía pecuaria colada de Almedinilla a Castil de Campos por Jaboneros, la carretera desemboca en la A-3225, que conecta Almedinilla y Fuente Tójar, y en dirección a este último pueblo, en menos de un kilómetro, y a la izquierda, se sitúa la aldea de El Poleo, donde hay censadas tan sólo 26 personas. Se accede por una empinada rampa protegida de barandillas que en un momento nos sitúa en el centro de la aldea, donde está el edificio multiusos, que también se utiliza como capilla. En ella tiene su hermandad el Sagrado Corazón de Jesús, que celebra fiestas el 22 de julio. El día que la visité era un día lluvioso y desapacible y la aldea parecía desierta. Me encontré a una pareja que, por la indumentaria –él llevaba un extraño gorro a cuadros- parecían extranjeros, y rápidamente se interesaron por mi presencia allí. Quien me atendió fue Peter Thomas, alcalde pedáneo de la aldea. No es de extrañar que sea un británico el que ocupe dicho puesto, ya que en los primeros años de este siglo comenzaron a llegar a la aldea los primeros extranjeros, que fueron seguidos por otros, llegando a constituir una proporción notable de la población de la misma. Siguiendo las indicaciones de Peter, me dirijo al mirador del Tajo, un balcón protegido con una barandilla de hierro y un banco del mismo material. Me deleito con las vistas, una inmensa extensión de olivares en la que blanquean algunas aldeas. Recomiendo visitar la página www.elpoleo.es. En este sitio web se pueden encontrar los textos (en versión bilingüe) de una serie de entrevistas con los vecinos de la aldea de El Poleo, tanto españoles como ingleses, grabadas entre 2013 y 2015. Leo también que el origen de la aldea puede estar en las últimas décadas del siglo diecinueve y la primera parte del siglo veinte, y que al principio consistía en una serie de casas dispersas situadas alrededor del lugar que en la actualidad ocupa la iglesia, aunque en un mapa de 1871 no aparece ninguna aldea que corresponda a dicha denominación, sino un cortijo que lleva el nombre de Cortijo de la Fuente del Poleo.

No debemos abandonar El Poleo sin visitar la fuente y el lavadero público, situados bajo el montículo rocoso calcáreo encima del cual se emplaza la pequeña aldea. Se accede por un camino con barandilla de hierro que se inicia al otro lado de la carretera. Según leo en una placa situada en la plaza del pueblo, fue Don Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la Segunda República Española y vecino de Priego, quien costeó en 1934 la construcción del lavadero así como diversas reparaciones en el abrevadero.

La fuente-abrevadero está compuesta por un pilón de planta rectangular construida en piedra y hormigón, blanqueada y con dos caños; protegida por un muro de piedras que sujeta el terraplén de la carretera. Contiguo al mismo, hay un lavadero protegido por un pequeño edificio de una sola estancia rectangular y cubierta a dos aguas, al que se accede por un vano sin puerta situado en la fachada. El lavadero está formado por un pilón rectangular, aunque partido en su mitad por un tabique. Los bordes del pilón son de cemento y están inclinados en ángulo hacia el interior y estriados para permitir un mejor frotamiento de la ropa. También hay bancos y una estación de bombeo que abastece de agua a las aldeas del Poleo y Las Higueras.

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