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NATURALEZA/ SUBBÉTICA

Pinares de los Molares

Priego (35) En el extremo norte del municipio se encuentra un pinar de gran extensión que crea un ecosistema muy distinto al habitual de la zona

 

UNO de los muchos caminos que recorren el pinar de los Molares. - AUMENTE RUBIO

JOSÉ AUMENTE RUBIO
20/04/2018

Los bosques de pinos del municipio de Priego están constituidos fundamentalmente por pino carrasco (Pinus halepensis) y, en general, ocupan minúsculas extensiones aisladas, sin apenas entidad, repartidas por todo su territorio. Por ejemplo, encontramos pequeños rodales de pinos en la Sierra Horconera, en las cercanías del Cañuelo y Zamoranos, en las proximidades de la Casería Buenavista, Institutos de Enseñanza Secundaria, Calvario y ladera sureste de La Tiñosa.

Sin embargo, en el extremo norte del término sí que encontramos un pinar de suficiente extensión como para considerarlo un ecosistema diferente al olivar y bosque y matorral mediterráneo predominante en la zona, con sus especies de flora y fauna asociadas. Se trata del pinar del Puente de San Juan, también conocido como pinar de Los Molares, en alusión al cortijo, hoy en ruinas, que se sitúa en medio de esta masa forestal y que debe dar nombre a la finca. Se trata de un bosque de repoblación, no autóctono, con ejemplares poco desarrollados que en conjunto constituyen una masa forestal uniforme que logra asombrosamente perpetuarse en el tiempo.

El suelo poco fértil, de yesos y areniscas, parece poco apto para el desarrollo óptimo del pinar y en consecuencia la mayor parte de los ejemplares muestran un aspecto raquítico con propensión a caerse. Recientemente se ha hecho un aclareo que ha empeorado la situación, ya que ha provocado que muchos de los ejemplares aislados que se libraron de la tala quedaran desamparados ante los vientos, y han acabado desplomándose con los últimos temporales, aumentando preocupantemente la desforestación de estos montes.

En diferentes localizaciones y sobre todo en las cercanías de los cursos de agua que corren entre el pinar, como el barranco de la Cueva de la Reina y el barranco de la Jumilla, se plantaron también bosquetes de eucaliptos que hoy alcanzan un gran desarrollo. Estos pequeños arroyos estacionales de color rojizo por los elementos químicos naturales del sustrato poseen escasa vida en sus aguas, pero aumentan la diversidad de los sistemas hídricos del municipio, y hay quien asegura que los baños con estas aguas curan diversas patologías.

En todo caso, estos pinares constituyen un original ecosistema, muy poco representado en la Subbética, que da, por tanto, cobijo a especies diferentes y únicas. La alta humedad relativa de esta masa forestal ha hecho posible el desarrollo de una importante comunidad de musgos, entremezclada con algunos líquenes, que cubre lomas y cárcavas. El sotobosque es muy escaso y sólo existen algunas cistáceas, retama, esparraguera y hierba pincel. Por el contrario las herbáceas son algo más abundantes, en los lugares ausentes de musgo, destacando por su abundancia la orquídea europea gigante.

El mundo de los hongos encuentra en estos pinares un ecosistema propicio. El mayor número de boletos de todo el sur de Córdoba, y en concreto de Suillus bellinii, quizás se encuentre en este pinar. Sobre hojarasca y restos de madera crece Galerina marginata, una de las setas más tóxicas de la zona, que puede llegar a ser mortal. Por el contrario, en primavera, sobre los montones de cortezas y astillas de madera generados en las sacas de pinos, crece abundantemente la colmenilla o cagarria, considerada un excelente comestible.

Este lugar es frecuentado por algunas rapaces netamente forestales como el gavilán, azor, águila culebrera y ratonero. Entre las aves de menor tamaño se puede observar fácilmente, o escuchar el canto, del chochín, pinzón común y carbonero común; y es uno de los mejores lugares de la provincia para avistar al piquituerto. El carnívoro más abundante es, sin lugar a dudas, el zorro, al que se puede ver sin mucho esfuerzo. La gineta y el gato montés también están presentes, aunque sus hábitos estrictamente nocturnos hacen que pasen desapercibidos.