+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario Diario Córdoba:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

MÚSICA / CLÁSICA

Orquesta de Córdoba y Coro de Ópera

Ambas formaciones acometen la ‘Novena sinfonía’ de Beethoven, con la que clausuran sus aniversarios y recuerdan al fallecido López Cobos

 

El Coro de Ópera. -

La Orquesta de Córdoba durante uno de sus conciertos. -

Manuel Pedregosa
15/06/2018

CÓRDOBA

TEATRO DE LA AXERQUÍA

JUEVES 21

22.00 HORAS

Para celebrar el 25 aniversario de la Orquesta de Córdoba y el 30 del Coro de Ópera Cajasur, ambas formaciones convocan al público cordobés a un concierto en el que la Novena sinfonía de Beethoven será la única obra programada. Por otro lado, el concierto estará dedicado In memorian al maestro Jesús López Cobos, recientemente fallecido. La dirección coral corre a cargo de José Mª Luque y en la musical estará Lorenzo Ramos, a quien acompañarán como solistas la soprano Berna Perles, la mezzo Marina Pardo, el tenor Sergio Escobar y el barítono Damián del Castillo.

Si a veces da vértigo coger el disco de la Novena del estante para escucharla, enfrentarse a la todopoderosa partitura de Beethoven debe ser pavoroso. Por ello, es loable afrontar el reto que se han propuesto ambas formaciones y el esfuerzo que supone realizar una interpretación de una obra tan exigente en lo técnico y lo expresivo. El proyecto de escribir una sinfonía con coros había obsesionado a Beethoven mucho antes de la eclosión de esta Novena sinfonía: en 1797 llegó a pensar en concluir con un coro religioso la Sinfonía Pastoral y algunas de las figuraciones melódicas de la Novena pueden escucharse ya en la Fantasía para piano, orquesta y coros de 1801.

Por otra parte, desde 1793, Beethoven había pensado en poner música a la Oda a la alegría de Schiller, mucho antes de que comenzase con los primeros esbozos -que datan de 1817- o de que emprendiese su composición seriamente en 1822. La sinfonía quedará acabada diez años después de la Octava -justo después de la Misa solemnis, con la que está emparentado su final-, en 1824, año en que se estrenará con un considerable éxito.

Tras un impresionante y denso primer movimiento Allegro ma non troppo anunciado por una inquietante introducción, se desarrollan un impetuoso y enérgico Scherzo, con una presencia de los timbales y un maravilloso Adagio que establece un juego de variaciones a partir de dos hermosos temas que nos llevan a las puertas del Finale, inaugurado con una sintética rememoración de los tres movimientos anteriores. La enunciación misteriosa de los bajos de la orquesta del gran motivo principal y su ascenso posterior en todas las líneas instrumentales es una de las páginas más gloriosas de la historia de la música. Cuatro solistas y el coro acometen la última parte de la obra, un libre juego de variaciones en las que las voces se elevan hasta el infinito en una emocionante exaltación de la libertad, donde el arte beethoveniano alcanza su cénit y su sublimación.